Ser viejo en Cuba es un cuchillo con doble filo

Leche en polvo

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Alcanzar ciertas edades avanzadas no deja de ser un privilegio. Según datos de Naciones Unidas, la población mundial se calcula en unos 7 mil 800 millones y de ellos, sólo el 8% tienen más de 65 años. Para ellos (nosotros), aquí en Cuba una entrega alimenticia sin coste alguno porque menos mal no salió uno por ahí diciendo en tv que debíamos abonar un extra por concepto de faena portuaria, almacenamiento, transporte y peculio de estibadores y camioneros.

Esto de ser “añejos” nos hace supervivientes, testigos excepcionales de épocas pasadas que ahora cualquier impulsivo joven, sea cual sea su ideología, nos pretende contar a sus modos, maneras y mañas. Error craso narrarle una historia a un viejo que ya la vivió en carne propia. Que hablen de futuro, que les pertenece.

Exprimiendo la memoria, sin dejar de reconocer que pudiera estar equivocado, es la primera vez que esto ocurre, que uno acuda a su bodega y le digan “abuelo, esto es gratis”. Y haciendo gala de tal ejercicio no es la primera vez que conocemos a través de nuestra prensa que en otro momento ocurrieron también donativos que por seguro tomaron otros caminos menos la bodega. Para los mal pensados, me refiero a escuelas, hospitales, comedores obreros, unidades militares…

Y si de donativos tratamos, a sacar cuentas de las veces que fuimos convocados a desprendernos de algo de la cartilla de racionamiento para enviarlo a alguien más necesitado. Hubo de todo. Hasta aquella memorable donación de nuestros niños para esa señora sudafricana que le quemaron su casa o la sangre que adultos remitieron a zonas de desastres en nuestro continente. Perú, para no ir muy lejos.

En estos días, 500 gramos de leche en polvo gratis para los ancianos. No se puede determinar quién la envía porque ha sido envasada en bolsas por la Empresa Complejo Lácteo de La Habana, que ha tenido el detalle de estampar en mayúsculas que se trata de una donación, con un OP que pudiera significar operarios porque incluye a continuación los nombres de Teresa, Miguel y Grichar.

Mensajeros y personal de la bodega aseguran que llegó desde México.

Si así fuera, no nos cuesta mucho trabajo mirar hacia la vecina nación, agradecer en silencio e invocar lo mismo a Mario Moreno “Cantinflas” o al mismísimo Pancho Villa, que con par de testículos invadió el imperio que tantos dolores de cabeza nos proporciona a diario además de otros de carácter autóctono en estos tiempos de indetenible Sars-Cov-2 con el alias de Delta.

Caprichosos que somos también los viejos. Parece ser un defecto de la edad. Por ello, en un futuro estos jóvenes ocuparán nuestros puestos en el hogar y tal vez para entonces la leche, envasada como sea, tenga un origen completamente cubano.

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