Regalos en tiempo de crisis

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El regalo en la era Rajoy es un simulacro del pasado. No se mira lo que se va a regalar ni se tienen en cuenta los gustos del obsequiado. Sólo el precio. Es tiempo de regalos y quien más quien menos ahonda en el bolsillo, extenúa un poco más la tarjeta de crédito e intenta mantenerse fiel a la tradición de regalar y corresponder. Una navidad sin regalos debajo del árbol es lo más triste que quepa imaginarse. Pero, ¿quién te ha visto y quién te ve? El regalo en la era Rajoy es un simulacro del pasado. No se mira lo que se va a regalar ni se tienen en cuenta los gustos del obsequiado. Sólo cuenta el precio.

Según los comerciantes, que son quienes saben de verdad cómo va la recuperación económica, este año los regalos fluctúan entre los treinta y los sesenta euros. Sesenta ya empieza a parecer un despilfarro. La extra navideña no da para más por mucho que se la exprima. La gente sigue exclamando “¡qué bonito!” cuando abre un paquete, pero la realidad es que muchas veces los regalos no pasan de simples detalles de bisutería de saldo.

El presidente del Gobierno eligió mal el momento para intentar colarnos que la crisis ya es un hecho histórico. La sencillez de los regalos delatan su demagogia. Hay crisis para rato y estas navidades lo vamos a notar en muchas cosas, en la brevedad de las iluminaciones callejeras, en la sencillez de las mesas de nochebuena, en la moderación de las barras y comidas de empresa, en la frustración de los negocios que esperan con ilusión la Navidad para resarcirse de un año malo, después de otro y otro y otro, en la preocupación por lo que aún puede venir.

La verdad es que no pasa nada porque la tradición social del regalo se modere o incluso desaparezca. Comprar regalos es un incordio al que todos nos vemos obligados y comprarlos mirando al céntimo, mucho peor. A pesar de ello la crisis persistente mantiene la tradición y los contendores de basura se llenarán en los días venideros de embrollos de papel de regalo que pintan los desechos domésticos de colores alegres. Una navidad más bajo los recortes, el paro y los desahucios. En fin, dentro de lo que cabe, hay que intentar pasarlo bien que son dos días.

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