Nutriscore: ultraprocesados en verde y aceite de oliva en amarillo

Aceite de oliva

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El Ministerio de Consumo de Alberto Garzón quiere implementar un nuevo etiquetado en los productos alimenticios: el Nutriscore. Un sistema de etiquetado frontal que categorizaría los alimentos en una escala de letras y colores, siendo la mejor puntación la A de un color verde oscuro y siendo la peor la E representada por el rojo. Aunque el etiquetado es todavía voluntario, hay algunas empresas que ya lo incorporan como es el caso de Eroski o Nestlé. Sin embargo, otras voces de la industria, como la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI) y la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites (Anierac)  creen que el Nutriscore entrega buenas calificaciones a alimentos ultraprocesados, mientras coloca en mal lugar a productos de la dieta mediterránea como el jamón o el aceite.

“Nutriscore es un etiquetado nutricional frontal basado en un código de colores que caracteriza el valor nutricional de los alimentos y bebidas”, detallan fuentes del Ministerio de Consumo. Según ellos, el objetivo del sistema es orientar a los consumidores hacia “opciones alimentarias más saludables” y con ello hacer que la industria alimentaria mejore la calidad nutricional de sus alimentos.

Desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas ven como algo positivo la implantación de un etiquetado frontal. “Es una herramienta más para facilitar a los consumidores hacer elecciones saludables”, comentan. Aunque critican que ahora mismo el Nutriscore no es perfecto: “Ahora mismo este algoritmo sirve para todo y eso hace débil al sistema, ya que nos encontramos incoherencias importantes, por ello el algoritmo se debería revisar. No obstante, cualquier etiquetado frontal es mejor que no tenerlo”. Uno de esos inconvenientes que le ven es que si un consumidor quiere reducir su consumo de sal, puede ver productos con gran contenido de sodio marcados por una A.

Por su parte, desde Realfooding consideran que el Nutriscore es poco claro y que generará más dudas que soluciones a los consumidores. Para ellos es complicado hablar de un solo sistema que englobe a todos los alimentos. “A priori los productos de mala calidad o de barata fabricación salen beneficiados, mientras que cualquier grasa saludables se va a ver perjudicada por esto. Los aceites que son una grasa no van a obtener una A o una B. También es el caso de los frutos secos que acabarán marcados por una C”, lamentan.

“Nutriscore no entra a valorar sin un producto es bueno o malo, ni nadie dicta qué tenemos que comer. Su utilidad reside en la capacidad de resumir de manera gráfica si un producto contiene en exceso nutrientes cuyo consumo prolongado puede ser perjudicial para la salud”, defendía Alberto Garzón la propuesta de su ministerio en Twitter. El ministro explicaba a través de un hilo en la red social que este etiquetado sirve para comparar productos de una misma familia: “El sistema nos indica qué producto tiene mayor calidad nutricional entre la oferta para un mismo uso. Pero no sirve para comparar productor de diferentes usos. Algo de sentido común: no se compara una botella de refresco con una de aceite porque su consumo es distinto.

Por su parte, desde Realfooding dudan que las personas vayan a comparar entre mismas gamas de productos. “Al ser por colores, la gente verá como positivo la A y la B y no mirará mucho más allá y van a considerar productos saludables cuando no lo son”, detallan.

“El etiquetado frontal es una herramienta más de educación alimentaria, no es la clave para todo”, concretan desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas. Según ellos, tiene que ir acompañado de campañas de información al consumidor. “Evidentemente ningún sistema va a ser perfecto, probablemente tendrá fallaos. Entonces no debemos animar a que la elección de productos se haga únicamente en base al etiquetado, porque muchos de los alimentos que deberíamos tomar cada día como las frutas y las verduras o las legumbres, no están etiquetados”, añaden.

El aceite y el jamón: “Nos sentimos injustamente valorados”  

El jamón ibérico ha sido catalogado con una letra D o E, dependiendo del producto en sí, lo que ha suscitado las quejas del sector. “Los alimentos ultraprocesados pueden recibir una catalogación entre la A y la B al cambiar su formulación. Mientras productos que no llevan ningún proceso industrial como el jamón no podemos mejorar la puntación, ya que es colgarlo y que se seque”, denuncia la Asociación Interprofesional del Cerdo Ibérico (ASICI).

Desde ASICI explican que las grasas del ibérico no son las mismas que las que puede tener un producto industrial como puede ser un bollo: “Tenemos numerosas evidencias científicas de que las grasas del jamón son monoinsaturadas y que tienen propiedades saludables que no se deberían penalizar”. Para ellos, sus productos contienen cada 100 gramos, 20 gramos de grasa, pero en inmensa mayoría monoinsaturadas. “Nos sentimos injustamente valorados”, aclaran.

“Todos aquellos productos monoingredientes, que no pueden cambiar su proceso de fabricación, muchos de ellos alimentos de la dieta mediterránea, están siendo penalizados, como el queso, la miel, el jamón o el aceite”, añaden: “Nosotros entendemos que hay motivos suficientes para sacar a los productos ibéricos de este sistema nutricional, como se ha hecho con el aceite”.

El ministro Garzón coincidía en Twitter en que el sistema en cuanto a los alimentos de un solo ingrediente podría “ser mejorado”, por ello habían excluido al aceite de oliva del Nutriscore. “Una es la exclusión de los monoingredientes, como el aceite de oliva, que además pueden tener propiedades no reconocidas por el sistema”, continuaba.

Pero desde la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites (Anierac) matizan las palabras del Ministerio de Consumo, ya que según ellos, “no está tan claro el asunto”. “No nos dicen que nos vayan a sacar, lo que explican es que van a proponer modificaciones al sistema en cuanto al aceite y como eso va a llevar tiempo, mientras tanto no se etiquetará este producto”, concretan desde Anierac.

“El aceite de oliva tuvo ya una primera modificación, al principio recibió una letra D y se le cambió por una C”, establecen. Para ellos, la calificación del aceite de oliva no es el único problema: “Con las reglas actuales el aceite de colza y aparece con una C. ¿Pero dónde está el de girasol de alto oleico? Tiene una D, aunque se parecería a los aceites de oliva en su composición de ácidos grasos”.

Otra de las razones por las que no valoran positivamente el Nutriscore es por su cálculo en torno a 100 gramos. “Calcular con 100 gramos nos parece mal. ¿Quién en el mundo hace una ingesta diaria de 100 gramos de aceite?”, comentan.

Además, tampoco comparten que se excluya del etiquetado a todos los productos de un solo ingrediente, según ellos da respuesta a algunas cuestiones, pero plantea otros inconvenientes. “El aceite tiene es un monoingrendiente, pero también lo es la sal y el azúcar”, recuerdan.

Cereales con más azúcar de la recomendada por la OMS con una B

Nestlé es una de las empresas que ve con buenos ojos el etiquetado Nutriscore, por ello, comenzó a incorporarlo en sus productos en junio de 2020. “Entre los sistemas de etiquetado de información nutricional que existen, es el que más apoyos tiene en la Unión Europea y por nuestras autoridades como el Ministerio de Sanidad y el Ministerio de Consumo”, detallan.

“La compañía ha apostado por Nutriscore como una herramienta efectiva para ayudar a los consumidores a comparar la calidad de los alimentos”, añaden: “A día de hoy, el 80% de los cereales de desayuno de la empresa, como Chocapic Bio, Fitness Original y Cheerios Bio, ya han incorporado este etiquetado”. Los cereales Chocapic Bio recibirían una B, mientras que cada 100 gramos contienen 29 gramos de azúcar, al tiempo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no recomienda más de 25 gramos al día.

 

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Por su parte, los supermercados Eroski implementaron el Nutriscore en sus productos propios hace más de dos años. “El tiempo nos ha dado la razón, ya que después de haber tomado esta decisión, hemos visto cómo el Ministerio de Consumo ha considerado este etiquetado como referencia en nuestro país”, comentan fuentes de la empresa.

En este tiempo, han conseguido que el 65% de sus productos de marca propia tengan una valoración en torno a la A, B o C, gracias a que han reformulado en parte sus productos: “Estamos reduciendo los azúcares añadidos, las grasas saturadas y la sal”.

Sin embargo, la empresa repite el mismo problema de Nestlé en algunos alimentos, como son los cereales de desayuno Choco Bills, que vuelven a superar los gramos de azúcar recomendados por la OMS, en su caso: 29,20 gramos por cada 100 gramos de producto y son marcados por una B.

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