La AIReF avala el escenario macroeconómico del Gobierno pero alerta de riesgos a la baja

Cristina Herrero, presidenta de la AIReF

Cristina Herrero, presidenta de la AIReF. (Foto: Congreso)

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha avalado las previsiones macroeconómicas del Gobierno, ya que considera “factible” el escenario planteado. Según destaca, “está en línea” con sus últimas previsiones y resulta “prudente respecto al de otras instituciones nacionales e internacionales”. Sin embargo, alerta de que en el actual contexto “predominan los riesgos a la baja, especialmente en el corto plazo”.

Según la AIReF, el escenario macroeconómico del Gobierno para 2022-2025 se encuentra en el “rango central de las bandas de confianza estimadas” por la propia institución, tanto a precios constantes como corrientes. “No obstante, la crisis energética, los problemas de suministro en las cadenas de producción que se vienen observando desde mediados de 2021 y la persistencia de la pandemia, proyectan una incertidumbre extrema sobre la economía, que se ha intensificado con el estallido de la guerra de Ucrania”, apunta.

Sobre el crecimiento del 4,3% en 2022, casi tres puntos porcentuales menos que los anticipados, “resulta prudente en relación con las previsiones más recientes realizadas por otros organismos públicos e instituciones privadas”. “Estas revisiones a la baja”, afirma, “se encuentran justificadas por la crisis energética y la escasez de inputs intermedios observadas desde 2021 que, agravadas por la invasión de Ucrania, han acabado derivando en un escenario de menor crecimiento e inflación alta y persistente”.

En el medio plazo (2023-2025), la Airef destaca que el Ejecutivo prevé́ una “gradual moderación” del crecimiento del PIB “a medida que se diluye el impulso asociado a la demanda embalsada durante la pandemia y al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)”. En concreto, contemplan un crecimiento del PIB del 3,5% en 2023, del el 2,4% en 2024 y del 1,8% en 2025. “Este escenario de convergencia a tasas de crecimiento real próximas al crecimiento potencial de la economía se considera también factible”, asegura.

En el ámbito de los precios, “la previsión de crecimiento del deflactor implícito del PIB se considera plausible a lo largo del horizonte de previsión”. Los cálculos del Ejecutivo plantean un fuerte incremento del deflactor del PIB en 2022 y un cierto grado de persistencia en 2023, con tasas del 4% y el 2,4%, respectivamente. “Posteriormente se registra una moderación”, remarca.

Sin embargo, “el balance de riesgos al crecimiento esperado por el Gobierno y la propia AIReF se encuentra sesgado a la baja, especialmente a corto plazo”. “La recuperación económica iniciada en 2021 vino acompañada de tensiones en las cadenas globales de valor y en los mercados de materias primas, especialmente las energéticas, cuya intensidad y persistencia se han intensificado tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia”, advierte. Unas tensiones, continúa, que “podrían agravarse si la invasión derivase en recortes en los suministros y mayores tensionamientos en los mercados de materias primas”.

Además, el coronavirus “aún resulta un condicionante fundamental de la situación económica”, avisa. “En concreto, el aumento reciente de la incidencia y la política de ‘coronavirus cero’ en China puede acentuar los problemas de suministro en la industria manufacturera, dada la importancia de este país en las cadenas globales de valor”. Además, la Airef sostiene que “no se puede descartar aun la aparición de nuevas variantes que podrían frenar el ritmo de normalización del turismo, que en los últimos meses ha sorprendido de manera favorable”.

“Asimismo, las tensiones inflacionistas que emergieron en 2021 podrían intensificarse y hacer más adverso el binomio crecimiento-inflación frente a lo esperado por el Gobierno y la mayoría de los analistas, incluida la AIReF”, reconoce. Para esta institución, “la intensidad de los incrementos de precios y la expectativa de una mayor persistencia puede desencadenar espirales de aumento de precios y salarios”. Esto podría provocar “un mayor endurecimiento de la política monetaria y un empeoramiento en las condiciones de financiación que lastraría el