Activismo de datos para vigilar y combatir los feminicidios

Varias personas participan en una concentración feminista en la Plaza de la Candelaria en repulsa por "todos los feminicidios", a 11 de junio de 2021, en Santa Cruz de Tenerife, Tenerife - Europa Press

Varias personas participan en una concentración feminista en la Plaza de la Candelaria en repulsa por "todos los feminicidios" - Europa Press

En España se han producido 1.149 víctimas mortales por violencia de género desde el 1 de enero de 2003 —año en que se empezaron a contabilizar los crímenes machistas— hasta hoy. Es uno de los países más avanzados a la hora de contabilizar y diferenciar estos asesinatos.

Sin embargo, estas cifras no se recopilan bajo el paraguas de la violencia de género ni se contrastan de igual forma en la mayoría de las naciones.

Por ello, un grupo de investigadoras, liderado por Catherine D’Ignazio, directora del Data + Feminism Lab del MIT, han publicado un artículo la revista Patterns donde detallan los esfuerzos de diez organizaciones de Estados Unidos, España, Bolivia, Brasil y Puerto Rico que trabajan para completar los datos sobre los feminicidios en el mundo.

“En 2017, 87.000 mujeres fueron asesinadas, pero desconocemos cuántos de esos crímenes están relacionados con el género. Necesitamos saber quiénes eran estas mujeres y qué relación tenían con su asesino. Los datos contextuales son básicos para entender la violencia de género», dicen las autoras

“El feminicidio, el resultado más extremo de la violencia de género, es un problema mundial. En 2017, 87.000 mujeres fueron asesinadas en el mundo. Sin embargo, no sabemos cuántos de estos crímenes están relacionados con el género. Necesitamos tener acceso a información sobre quiénes eran estas mujeres y qué relación tenían con su asesino. Estos datos contextuales que faltan son fundamentales para entender la violencia contra las mujeres”, afirman las autoras.

Vacío de datos y falta de visibilidad de los feminicidios

Opinan que este vacío de conocimiento provoca, en parte, la falta de visibilidad del feminicidio. Además, indican que “los asesinatos de mujeres y niñas negras o indígenas a menudo no son cubiertos por los medios de comunicación porque no se consideran de interés periodístico”. Y reiteran que “muchos países no conservan información exhaustiva sobre los asesinatos de mujeres y niñas”.

El equipo de investigadoras explora el concepto de counterdata (contradatos), una información que recopila incidentes de asesinatos relacionados con el género de diversas fuentes.

D’Ignazio explica a SINC que estos contradatos “son datos recogidos por ciudadanos, organizaciones sociales y activistas al margen de las ‘instituciones de recuento’ oficiales. Los individuos y grupos utilizan cada vez más la producción de este tipo de información como estrategia para exigir que un estado, los medios de comunicación o el público en general presten más atención al problema generalizado de los feminicidios”.

Las activistas —señala esta experta— “producen datos con la finalidad de desafiar la negligencia de los gobiernos, así como para presionar a las instituciones para que midan el feminicidio y la violencia de género de manera diferente”.

Las activistas producen datos con el fin de desafiar la negligencia de los gobiernos y presionar a las instituciones para que midan el feminicidio y la violencia de género de manera diferente

Catherine D’Ignazio, directora del Data + Feminism Lab del MIT

Por su parte, Isadora Cruxen, profesora de Empresa y Sociedad en la Queen Mary University de Londres, dice a SINC que “la noción de ‘contra’ también adquiere un significado adicional en el trabajo de las activistas, en la medida en que buscan desafiar las narrativas mediáticas que culpan a las víctimas de la violencia de género y recuperar, honrar y recordar las vidas de las mujeres asesinadas”

Helena Suárez Val, investigadora del CIM Warwick (Reino Unido) y otra de las coautoras, comenta a SINC que este trabajo “proporciona un caso de estudio de las prácticas de datos feministas sobre el feminicidio. Nuestro análisis es muy específico y no pretendemos que los resultados puedan o deban generalizarse a otras formas de activismo de datos”.

Trabajo emocional con los datos para documentar la violencia

Sin embargo, agrega, “hay aspectos de nuestra metodología que pueden ser replicados. Por ejemplo, el enfoque en el trabajo emocional involucrado en las prácticas de datos que documentan la violencia”.

Las investigadoras reconocen el tremendo peso que esta recopilación de información puede suponer para las activistas que la recogen. “No es fácil leer diez casos de feminicidio y ponerlos sobre una mesa, desglosarlos, tener que poner un nombre, una edad, unas circunstancias y todo ese detalle sin que te afecte emocionalmente”, señala una activista entrevistada por el equipo.

Las autoras se plantean cómo podrían desde sus campos de investigación —el estudio de datos críticos, la ciencia de datos y la interacción persona-ordenador— apoyar y sostener las prácticas de las activistas de los contradatos. Y así, destacan, “ayudar a sanar a las comunidades y hacer que el Estado, las corporaciones y los medios de comunicación rindan cuentas por su papel en el mantenimiento de la opresión y la violencia”

Las investigadoras reconocen el peso emocional que esta recopilación de datos supone para las activistas que los recogen. “No es fácil leer diez casos de feminicidio, desglosarlos, tener que poner un nombre, una edad, unas circunstancias”, señalan

Respecto al negacionismo de la violencia de género, ejercido por movimientos y partidos de la la ultraderecha, Catherine D’Ignazio apunta a SINC que lo ve “como parte del contragolpe que se produce cuando el movimiento feminista consigue importantes logros legislativos o culturales”.

Se trata de “una forma de intentar reprivatizar la violencia de género y volver a situarla en el ámbito privado, en un asunto exclusivamente interpersonal o doméstico. Esta es una de las razones por las que las concepciones feministas de esta violencia son tan importantes. El feminicidio como concepto afirma directamente que la violencia de género es estructural y no [solo] interpersonal; está relacionada con la subordinación de género sistémica de las mujeres; y, por tanto, es una responsabilidad fundamental de los estados garantizar que las ciudadanas tengan derecho a vivir una vida libre de violencia”, concluye la experta.