Problemas de concentración y precariedad, las consecuencias de la pandemia en los estudiantes

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Silueta en una biblioteca.

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El 9 de marzo del 2020 se ordenaba el cierre de todos los centros escolares y universitarios de la Comunidad de Madrid por la amenaza del covid-19. Las clases quedaban suspendidas durante 15 días. Minutos después se viralizaba un vídeo de Shrek bailando una canción que decía «mañana no hay clase».

Algunos opinaban que era una ‘exageración’, que el virus no era más grave que una gripe normal. Otros estudiantes se lo tomaron como unas pequeñas vacaciones en las que podían ir a visitar a sus familiares en otras comunidades. La mayoría suponía que después de dos semanas volveríamos a la normalidad. Días después el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciaba el Estado de Alarma, y todos conocemos el resto de la historia.

La Asociación Estudiantil de Madrid (AEM) denuncia la situación que vivieron las estudiantes durante los meses de confinamiento. «Muchas estudiantes vimos como la brecha digital acentuaba las desigualdades durante el confinamiento, penalizando a las que contábamos con menos recursos», cuentan desde la organización.

Julia Cuesta es alumna de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Una vez pasado el confinamiento y el verano, relata a EL BOLETÍN cómo se ha adaptado la institución a la nueva situación. «En mi carrera los docentes pueden escoger impartir su materia por vía presencial u online. En mi caso concreto todos mis profesores han decidido dar las clases de forma telemática, excepto exámenes, claro», explica.

Elena Gómez, estudiante de un máster de Ingeniería Química en la Universidad del País Vasco apunta, por su parte, que los compañeros que realizaban su Trabajo Fin de Grado (TFG) en el laboratorio se vieron obligados a cambiar el tema por algo asequible a la vía telemática.

Desde el inicio de esa problemática, las Instituciones Universitarias afirman haberse reinventado para poder adaptar la docencia presencial a la vía online. La vicerrectora de Estudiantes y Servicios a la Comunidad de la Universidad de Murcia, Paloma Sobrado, relata a este diario que «se nombró un Comité Ejecutivo Covid, se formó a los profesores en materia de herramientas tecnológicas y se elaboró un plan de contingencia para cada título».

Problemáticas de la vía online

La necesidad de aprender de forma presencial varía de una carrera a otra. «Los profesores hacen todo lo que pueden», señala Cuesta, que opina que también son víctimas de la situación que se está viviendo. Elena Gómez considera que lo más difícil, tanto para ella como para sus compañeros, es mantener la concentración en la modalidad telemática. «En mi universidad creo que las asignaturas se imparten bien, pero yo no me centro cuando es online. La gente de mi alrededor también dice que no atiende igual. Son como dos horas perdidas».

Una de las chicas estudia en Euskadi, la otra en Madrid. No se conocen y ambas coinciden en estas afirmaciones sobre la capacidad de concentración en las clases a través de una pantalla.

«Me parece, por ejemplo, que con la gestión de los exámenes que han tenido las universidades queda más que retratado en qué consiste verdaderamente la institución», comenta Julia Cuesta sobre la presencialidad de los exámenes. «Tenemos que memorizar unos contenidos que te han explicado telemáticamente y que no has podido llevar a la práctica ni una sola vez, para luego contarlo en un examen».

Por otro lado, los datos de la Universidad de Murcia han sido más positivos este año. «Yo no niego que a los estudiantes puede que les cueste más seguir las clases online, pero los resultados muestran un mayor número de aprobados y una ligera mejora en la nota media», afirma Paloma Sobrado. Aún así, confirma que la prioridad de la institución es volver a una docencia presencial al 100% en cuanto la situación lo permita.

Un futuro incierto

Tras los años lectivos de cada Grado, los estudiantes se enfrentan al periodo más cercano a la vida laboral, pero sin disfrutar de los mismos derechos que un trabajador: las prácticas.

Ofertas de prácticas de jornada completa y sin remunerar son el día a día de los estudiantes. Las plataformas universitarias para buscar los convenios con empresas están repletas de las mismas. Los estudiantes cuentan que aunque «los primeros días sí te están formando, pero enseguida pasas a ser un trabajador más solo que sin cobrar».

La periodista Yaiza Oliva señala que es casi «elitista» poder formarse en un medio. «No todo el mundo puede permitirse estar tres años de prácticas después de la carrera, cobrando 300 euros o menos, hasta que te contraten». La ya profesional destaca que existe una brecha económica importante en cómo están planteadas las formaciones fuera de la universidad.

La mayoría de alumnos de último curso con prácticas a realizar se han encontrado con la misma problemática. Así lo explica Elena Gómez: «A mí el año pasado la pandemia me pilló en las prácticas de empresa. En mi carrera equivale a la asignatura más importante. Al final solo estuve un mes. Nos mandaron teletrabajo, pero no es lo mismo. De algún modo siento como si no hubiera hecho prácticas».

La pandemia del coronavirus también ha marcado una diferencia en este ámbito. Muchos estudiantes han tenido que suspender sus prácticas o adaptarlas a la vía telemática. «Si ya en condiciones normales muchas prácticas tienen un muy bajo componente formativo o están en situaciones de irregularidad y precariedad» denuncian desde la AEM, «el haber tenido que realizarlas a distancia ha supuesto ir un paso más allá en estas situaciones».