¿Adelgazar? no, gracias

Diego Carcedo
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Mónica Riley vive con la ilusión y la esperanza de convertirse en la mujer más gorda del mundo. Hay gente para todo, nunca me cansaré de recordarlo. Mientras la inmensa mayor parte de las personas nos pasamos la vida haciendo régimen para adelgazar, Mónica Riley vive con la ilusión y la esperanza de convertirse en la mujer más gorda del mundo. Cuenta para ello con mucha vida por delante -sólo tiene 27 años -la colaboración de su inseparable compañero, Sid, que cocina a su gusto y la ambición de convertirse en una señorona incapaz de moverse por sí sola  y ser atendida como una reina en todos sus deseos.
                  
Mónica es tejana y ya está más metida en carnes de lo que nadie puede imaginar. Ni siquiera sabe cuánto pesa porque las básculas caseras tienen  como límite los trescientos kilos y la suya  ya hace muchos meses que la ha hundido cuando se intentó poner encima. Su aspiración es seguir engordando hasta alcanzar los 450 kilos para dedicarse sólo a disfrutar de su exuberancia, hacer el amor con Sid a todas horas, intentar tener un hijo porque ya sufrió dos abortos  y lo sigue deseando, y de pasó compartir records entre la pareja: Ella como la mujer más gorda y él el del hombre que hizo el amor entre los muslos más voluminosos.
 
Sabe que alcanzarlo no es tan fácil, pero está segura de que va a conseguirlo pronto. Cuando algunos allegados le dicen que tiene que frenar su carrera hacia la obesidad, replica indignada que por nada del mundo quisiera volverse flaca. ¿Adelgazar?, no, gracias Para evitarlo consume 8.000 calorías diarias en alimentos y bebidas y nota con satisfacción tanto que su volumen sigue aumentando como que su movilidad continúa descendiendo.
 
Está muy enamorada de Sid y como a él le gustan rellenitas, se esfuerza por complacerle ingiriendo continuamente cuanto le apetece. Poco a poco van acomodando la casa a su peso y  escasas posibilidades de movimiento: han tenido que reforzar con planchas de acero la cama y encargar sillas dobles además enanchar alguna puerta. Apenas sale de casa, ¿para qué, si Said le proporciona todo lo que se le antoja y siempre se muestra dispuesto a hacerle el amor? Nadie la convencerá de que los gordos no son más felices; algo de bueno debe de tener la carne cuando es pecado.