La decisión de Luis Bárcenas de demandar al PP por despido improcedente es un disparo directo contra Mariano Rajoy. Y el presidente tendrá que responder. O dimitir.
Esta parece ser la opinión de muchos sectores del PP que consideran que el partido no puede permanecer quieto ante esta declaración de guerra y no tienen bastante con las declaraciones incendiarias de un Esteban Gónzalez Pons que ha vuelto a encargarse de responder en público al ataque del antiguo tesorero.
Para muchos, es la demanda del tesorero abre una guerra que Génova debe ganar, como explicaba hoy un conocido portal digital, cercano a la derecha extrema del partido que espera que el presidente demuestre como ha reiterado hoy Cospedal que ‘no está dispuesto a aceptar ningún chantaje.
Sin embargo, la falta de claridad del partido en todos los asuntos que tienen que ver con la relación laboral que Bárcenas ha mantenido con la institución en los dos últimos años, y las piruetas realizadas para justificar lo injustificable sin revelar ningún dato comprobable y verídico, hacen temer a algunas fuentes consultadas por el futuro de Rajoy, que tendría que ‘inmolarse’, o poco menos, para asegurar la continuidad del partido.
De momento, la situación sigue tensa. Incluso algunos hombres supuestamente cercanos al presidente del Gobierno, como el portavoz parlamentario Alfonso Alonso, empiezan a mostrar cierto hastío con una situación que les coloca en la cuerda floja, y para la que no tienen respuestas.
Más o menos, lo que le sucedió ayer a Cospedal cuando volvió a dar la cara ante los medios de comunicación e intentó reiterar la versión de que el dinero abonado por el PP a Bárcenas en los dos últimos años formaba parte de una indemnización pactada.







