¿Franco le hubiera enviado un barco anti Covid a Fidel Castro?

Francisco Franco

Francisco Franco

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

Hace más de veinte años, de esos de los que hablaba el argentino Carlos Gardel, en la búsqueda de razones de esa compenetración Francisco Franco-Fidel Castro, un colega español me contó la historia-mito-leyenda de la existencia de un periodista cercano al caudillo que en varias ocasiones le preguntó “¿Por qué Cuba?”.

Todo, hasta un día, en que el generalísimo decidió responderle. Y cuenta que le dijo algo así como:

-Mire usted, por tres razones. Una, España no abandona a un descendiente hijo de gallego. Dos, por muy dislocado que sea, hay que ayudarlo. Y tres, ha tenido cojones para enfrentarse al imperio.

Debo confesar que nunca más escuché ni leí acerca de ese hipotético intercambio.

Sin embargo, a otros sí les presté atención cuando justificaban esa avalancha de música y cine españoles allá por los 60s del siglo pasado porque según ellos se trataba de un plan o mutua conveniencia de ahuyentar del público cubano todo aquello que sonara gringo, inglés. A propósito, no pocos me han contado cómo se vio y se tradujo al castellano el antológico filme Casablanca en España.

Viví para contar que en esa década “prodigiosa”, de máxima intensidad y frenesí revolucionarios, llegó diciembre y Franco salvó las navidades al enviar uvas, manzanas y turrones cuando ya la cartilla de racionamiento hacía de las suyas.

Ignoro cómo fue en otros pueblos o ciudades de la isla. En el mío, doce uvas por cabeza; una manzana por persona y raciones de turrón por cada comensal, cortados milimétricamente por el carnicero del barrio. Recuerdo, como suceso acontecido ayer, las explicaciones del matarife a mi madre diciéndole que el de Alicante precisaba de una segueta, mientras que el de Jijona, con el cuchillo bastaba para ser equitativo.

Luego supe también que una acción terrorista de cubanos residentes en Miami, tal vez Alpha 66, incendió un buque que venía cargado de muñecas y juguetes enviados por Franco para nosotros los niños de entonces.

Supe, ya de mayorcito, que no hubo momento más placentero y productivo cuando nuestra otrora flota de pesca tenía sus bases en Canarias.

A Franco, en su lecho de muerte, no le tembló la mano para firmar nuevos fusilamientos. Quizás tampoco para tirarle una mano a su paisano allá por el Caribe.

En fin, que ya atrincherado y con el casco puesto, aguardo por lo que me pudiera venir encima en este acto de obligado encierro donde no se puede predecir el futuro y sobra tiempo para disquisiciones históricas ahora que hay movimiento de huesos allá por el Valle de los Caídos.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA