El enfant terrible Vincent Macaigne visita por primera vez los escenarios españoles

Vincent Macaigne
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«Macaigne traza el camino de la búsqueda de la belleza a través de un lenguaje común que cede su potente voz no solo a todas nuestras dudas, ira, miedos y melancolía, sino también a todas nuestras esperanzas y alegrías». Carnet d’art Había una vez una sociedad en la que las personas que vivían en los más altos estratos acumulaban dinero, poder y cultura. Lejos del desorden y de la violencia, arrebataron el poder a los gobiernos, incapaces de gestionar el orden social «allá arriba». En ausencia de cualquier proyecto colectivo, la jerarquía y el individualismo se apoderaron de ellos: mejor permanecer lejos y a salvo que poner en peligro los tesoros más preciados de la humanidad, como el amor y la cultura. Dinero, poder y cultura se habían convertido en una única fuerza, un único espacio, la imagen gloriosa del éxito y la exaltación.

Pero el mundo de «allá arriba» –un lugar eufórico y auto-satisfactorio– está llegando a su fin. La cultura europea al completo ha sido privatizada y encerrada bajo llave. La única alternativa viable para aquellos de «allá arriba» que quieren preservar algo vital, algo vivo, es la autodestrucción. Destruir la familia, destruir el deseo, confrontar la rabia y entregarse a los que viven «allá abajo». Porque cuando no existe la alegría, solo la destrucción es capaz de hacer brotar la vida.

Vincent Macaigne sitúa su En manque en una fundación privada que mantiene la totalidad del arte europeo en una caja fuerte. Pero el autor, actor y director no critica a una sociedad colapsada por sus propias certezas –y en la que un puñado de personas maneja la miseria de los demás­–, sino que utiliza el teatro para ir más allá de nuestras verdades y obsesiones. Macaigne aspira a un renovado deseo de vivir para evitar el colapso total y escapar de la angustia de la soledad. En manque es un singular estudio teatral, coreográfico y plástico en el que Macaigne exhibe una serie de personajes en pleno proceso de búsqueda de un amor puro y radical. La pieza profundiza en las fantasías más íntimas de una mujer encarcelada que lidia con la melancolía. Se trata de un espectáculo que escenifica la cruda lucha contra el mundo, una lucha por la vitalidad y por el deseo.

El teatro de Macaigne es intenso y brutal. Poderoso, agudo y devastador. Su vivacidad y su violencia –incluso se podría decir su crueldad– provienen tanto de la rabia como de la euforia; tanto del amor como de la desesperación; tanto de la ternura como del rechazo incondicional. Macaigne no busca la absolución ni la convicción, sino superar las ideas con las acciones y transformar el análisis en una acción colectiva. No se trata de agradar o de convencer, sino de activar. Su teatro es un teatro para despertar, para sorprender, y que funciona sin temor, sin vergüenza y sin restricción.

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