El coronavirus podría duplicar el número de personas en situación de crisis alimentaria, según el PMA

Una mujer recibe asistencia alimentaria en Sudán del Sur
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

A finales de 2019 había en el mundo 135 millones de personas en situación de crisis alimentaria, es decir, que no tenían garantizada su siguiente comida por vivir en países sumidos en conflictos, desastres naturales o crisis económicas. La pandemia de coronavirus, con su impacto tanto sanitario como socioeconómico, podría hacer que esta cifra superara los 250 millones de personas, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Las proyecciones de la agencia de la ONU apuntan a que las vidas y los medios de sustento de 265 millones de personas en los países con ingresos medios y bajos podrían verse gravemente afectadas y dejarles en una situación en la que no puedan garantizar su alimentación a menos que se adopten medidas urgentes para evitarlo.

La cifra supone otros 130 millones de personas más en situación de grave crisis alimentaria que se sumarían a los 135 millones que había al término de 2019, según el Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias, en cuya elaboración ha participado el PMA junto con otras agencias de la ONU como la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros organismos especializados en la materia.

Con respecto a 2018, la situación se ha deteriorado, ya que hay otros 22 millones de personas más que tienen serios problemas para acceder a alimentos, un aumento que ha venido motivado por el recrudecimiento de los conflictos y la violencia en varios países así como de las crisis económicas que atraviesan otros. No obstante, según explican sus autores, también ha contribuido el hecho de que en el último año hubiera acceso a los datos de más países.

De los 135 millones identificados en 55 países, 77 millones estaban en países afectados por conflictos, otros 34 millones en naciones afectadas por el cambio climático y 24 millones en países aquejados de crisis económicas. Por segundo año consecutivo, la lista la encabezan tres países en conflicto: Yemen, con 15,9 millones; República Democrática del Congo (RDC), con 15,6 millones; y Afganistán, con 11,3 millones. En total, los tres suman el 32 por ciento de personas que viven en situaciones de crisis alimentaria.

En cuarta posición se sitúa Venezuela, con 9,3 millones de personas con serios problemas para garantizar su alimentación y que requieren asistencia urgente debido a la crisis económica y política que atraviesa el país. La lista de las diez peores crisis alimentarias a nivel mundial la completan: Etiopía (8 millones), Sudán del Sur (7 millones), Siria (6,6 millones), Sudán (5,9 millones), Nigeria (5 millones) y Haití (3,7 millones). En total, los diez suman el 65 por ciento del total.

En cuanto al porcentaje de población en crisis alimentaria, Sudán del Sur contaba con el 61 por ciento, mientras que otros seis países también tenían al menos el 35 por ciento de su población en dicha situación: Sudán, Yemen, República Centroafricana, Zimbabue, Afganistán, Siria y Haití.

MÁS VULNERABLES A LA PANDEMIA
Todos estos países, sostiene el informe, son los más vulnerables a las consecuencias de la pandemia puesto que tienen una capacidad muy limitada, o ninguna, de afrontar tanto los efectos para la salud como socieconómicos que conlleva. Así pues, advierten los autores, podrían verse en la tesitura de tener que elegir entre salvar vidas o medios de vida o, «en el peor de los escenarios, salvar a personas del coronavirus para que luego mueran de hambre».

«Para evitar que estas decenas de millones de personas ya al borde del hambre extrema sucumban al virus o a sus consecuencias económicas, todos los actores tienen que movilizarse», sostiene el informe, que llama la atención sobre la posibilidad de que el Covid-19 desencadene «inestabilidad política y social» especialmente en aquellos países que ya se enfrentaban a crisis alimentarias.

Las restricciones de movimientos, el aumento del desempleo y el acceso limitado a comida podrían «generar descontento, fomentando violencia y conflicto», subrayan, alertando también de que eventuales aplazamientos electorales podrían contribuir igualmente a tensiones entre los partidos gobernantes y la oposición.

En el plano de la salud, estos países en general cuentan con sistemas sanitarios frágiles, sin equipamiento adecuado ni personal entrenado y su población, en especial los más pobres, a menudo carecen de recursos suficientes para acceder a atención sanitaria o viven demasiado lejos para llegar hasta ella.

Además, por regla general, quienes viven en situaciones de crisis alimentarias suelen presentar algún tipo de desnutrición, «lo cual debilita el sistema inmune y aumenta el riesgo de que desarrollen síntomas graves de Covid-19». El impacto socioeconómico aparejado a la pandemia muy probablemente hará que aumenten los niveles de desnutrición entre los más pequeños, así como en mujeres embarazadas y lactantes y en personas mayores.

IMPACTO EN EL SUMINISTRO Y EN LA CAPACIDAD DE COMPRA
Por ahora, según el informe, el suministro alimentario no parece haberse visto afectado de forma grave, pero se prevé que las restricciones de movimientos afecten al transporte y al procesado de alimentos y otros bienes esenciales, aumentando los plazos de entrega y reduciendo la disponibilidad. A esto se suma que el aumento del desempleo reducirá el poder adquisitivo y con ello la capacidad de comprar alimentos.

Asimismo, se identifica también el riesgo de que la asistencia humanitaria se vea afectada tanto por una reducción en la financiación, ya que los fondos se desviarán a los esfuerzos para combatir el coronavirus, como por las restricciones de movimientos que afectarán al trabajo en terreno de las organizaciones humanitarias.

Así pues, sostienen las organizaciones detrás del informe, dado que se trata de una crisis sin precedentes es «crucial» adoptar medidas para intentar evitar el potencial impacto que el coronavirus pueda tener en la seguridad alimentaria y el sistema alimentario en los países que ya están afectados por crisis.

En concreto, se identifican cuatro líneas prioritarias de actuación, empezando por los sistemas de observación de la seguridad alimentaria a tiempo real y de forma remota para conocer eventuales impactos y poder actuar cuanto antes y mitigarlos.

En segundo, apuestan por mantener la asistencia humanitaria tanto a nivel alimentario como nutricional y de medios de vida con el fin de cubrir las necesidades. Por otra parte, abogan por reforzar y aumentar los sistemas de protección social para garantizar que los más vulnerables puedan seguir accediendo a comida durante la pandemia.

Por último, apuestan por aumentar el apoyo al procesado de alimentos, el transporte y los mercados locales de alimentos, y por fomentar corredores comerciales que permanezcan abiertos para garantizar la cadena alimenticia en los países golpeados por crisis de alimentos.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA