«Cada vez estoy más enamorada del flamenco»

Rocío Molina
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Considerada una de las coreógrafas y bailaoras más vanguardistas de la escena española, la malagueña Rocío Molina, Premio Nacional de Danza 2010, busca llegar al público desnudando su alma en los escenarios.

La agencia dpa habló con ella con motivo de la presentación este fin de semana, en Berlín, dentro del festival «Tanz im August», de su espectáculo «Caída del cielo», con el que el pasado mes de junio se llevó los Premios Max de las Artes Escénicas españolas a la mejor coreografía, a la mejor intérprete femenina de danza y al mejor diseño de iluminación.

dpa: ¿Cómo pasó de ser considerada una «niña prodigio» del flamenco con tan solo siete años a acuñar un lenguaje propio?

Molina: Bueno, yo creo que no hay un día en el que eso sucede, sino que vas sumando decisiones sin darte cuenta, incluso desde que eres bien pequeña. Vas dando pasito a paso y es verdad es que siempre he estado buscando un lenguaje propio. Siempre he ido a una búsqueda más personal. Al principio es como un juego y empiezas a crear pequeñas coreografías, una obra y se convierte en una rutina.

dpa: ¿Qué supone para usted ser considerada uno de los máximos exponentes del neoflamenco teatral y cómo lo describiría?

Molina: La verdad es que se tiene que nombrar de alguna forma, pero yo simplemente soy persona y hago lo que me gusta. No convivo con ese nombramiento. No me siento con presión. Me gusta aportar algo a la persona que venga a verme. Eso es lo que sin dudar me hace más feliz. Yo no lo nombro de ninguna manera en especial.

dpa: ¿Entonces cómo describiría su danza?

Molina: Personal, ya está. Me dedico a hacer lo que soy y lo único que muestra es mi persona y ya está.

dpa: Pero, ¿hasta qué punto se inspira en su vida y cómo es su proceso de creación?

Molina: Pues cada vez más se entrelaza y se mezcla. Me gusta que sea así porque necesito el baile para descubrirme también y que sea el baile el que me descubra. Mi baile y mi arte son búsquedas que van desde mi persona y que luego se unen con el movimiento. Es la misma cosa realmente.

dpa: ¿Cómo explicaría su visión del flamenco?

Molina: El flamenco es algo que cada vez lo veo más inmenso. Cada vez estoy más enamorada de él. Me vuelve loca. Conforme más avanzo en la búsqueda o en la libertad de expresión más me acerco al flamenco en sentimiento. Yo lo considero el arte más rico que conozco hasta el momento (…) Está en un momento de búsqueda, de romper roles también y bueno, lo importante es no perder el respeto y que tú lo sientas.

dpa: ¿Cómo de complicado es aplicar nuevos lenguajes a un mundo tan arraigado como el flamenco?

Molina: No, no es complicado. Nunca diría eso, porque si no tampoco bailaría como bailo. Los más tradicionales hablan de la pureza del flamenco. Usan esa palabra de una manera y yo también uso esa misma palabra. Para mí la pureza como persona, como valentía o como ser capaz de decir la absoluta verdad de tu persona, eso me parece lo más flamenco del mundo y eso es lo que yo hago. Por eso no es incompatible la libertad de movimiento con el flamenco.

dpa: Cuando presentó su espectáculo «Caída del cielo» explicó que partió de su útero y sus ovarios.

Molina: Sí, la verdad es que empecé a descubrir que la fuerza partía de ahí. De hecho, también fue por una conversación que tuve con algunas mujeres de una cárcel en París. A una de ellas le pregunté que de donde sacaba la fuerza para seguir levantándose cada día en prisión, cuando la mitad de ellas sabían que no iban a salir nunca, y una de ellas se puso la mano en los ovarios, porque no hablaba español ni francés, y me sorprendió. Y me sentí muy relacionada con ese flujo de fuerza, porque sientes que brota de ahí.

dpa: ¿Se puede decir entonces que «Caída del cielo» es una celebración de la feminidad?

Molina: Sí, de la feminidad sí. No es una manifestación feminista, porque no me considero feminista, ni nada. Yo defiendo a la mujer evidentemente y a la igualdad. La feminidad sí. La fuerza, el amor como un compromiso, la constancia, la sexualidad, todo eso sí.

dpa: ¿Qué papel juega la provocación en el proceso de creación?

Molina: En «Caída del cielo» la provocación es bastante evidente. Generalmente el papel que juega es de diversión. Me lo paso bien haciendo lo que se supone que no se debe hacer o lo que la sociedad dice que no está bien visto, no se debe, pero que en realidad son cosas que pensamos todos y que nos gustaría hacer a todos. Al final es la búsqueda de esa libertad.

dpa: ¿Hay espacio para la improvisación en el escenario?

Molina: Sí. En «Caída del cielo», sobre todo, es donde hacemos muchísima improvisación (…) Damos rienda suelta a improvisar, porque se crea una tensión y un nervio que nos interesa mucho y nos hace estar vivos. No saber lo que va a pasar.

dpa: Gran parte de sus espectáculos se producen en Francia. ¿Hay que salir de España para encontrar apoyo?

Molina: Sí, es triste que tantos artistas hayamos salido fuera (…) A ver si va cambiando eso, poco a poco.

dpa: ¿Cree que se ha deteriorado el mundo de la danza en los últimos años debido a la crisis?

Molina: Sí, se notó mucho la crisis. Hubo que adaptarse y mucha gente con tantísimo talento no podía mostrar sus obras.

dpa: ¿Fue complicado para usted?

Molina: Yo llevo muchos años en Francia. Desde que tengo 22 años. Es como las hormiguitas, con mucha constancia y perseverancia es como se consigue todo. Se trata de eso. No hay ningún truco.

ROCÍO MOLINA: Nacida en Málaga en 1984. Comenzó a bailar con tres años, con tan solo siete años fue considerada «niña prodigio» del flamenco y con 26 obtuvo el Premio Nacional de Danza que otorga el Ministerio de Cultura de España. Ha producido gran parte de sus espectáculos en Francia en donde vive desde los 22 años. Desde 2015 es artista asociada del Teatro Nacional de Chaillot en París.