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¿Voy o no a Cuba?

Hotel Meliá Habana

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Me acaba de comentar un buen amigo, residente en Miami y compañero de múltiples avatares en la isla, que en esa ciudad si usted enciende el televisor en cualquier canal hispano, se habla más de Cuba que del propio EEUU.

Y en paralelo, la llamada de una prima de mi esposa, preguntando desde Europa si yo consideraba no peligroso viajar en estos días previos a la anunciada marcha cívica que día por día las autoridades la señalan como ilícita, con fines subversivos y desestabilizadores. Por demás, condenada al fracaso.

En conclusión, que es bastante gris el panorama que se dibuja de Cuba para este mediados del mes que corre. Demasiada algarabía intencionada de quienes, fieles a lo de mirar el toro desde el graderío, piensan que el gobierno se irá abajo ese día 15 y que la ciudad capital se convertirá en un campo de batalla donde lo mejor resulta aplazar el viaje para otro momento.

Con los pies sobre la tierra, en el propio escenario de los posibles acontecimientos, podría asegurar que será un día convulso, tenso, en que ambos bandos presentarán sus cartas. Obviamente, el gobierno cubano hará todo lo posible (en principio lo está haciendo) para abortar un espectáculo donde medio mundo ahora mismo fija ojos y oídos y que desde la Casa Blanca han advertido que tomarían nuevas medidas si se pretende encausar a los participantes.

De modo y manera, sin pretender mostrar dotes de adivino o futurólogo, le he comunicado a la parienta que puede venir sin temor alguno siempre y cuando se limite a cumplir el sano objetivo de su viaje.

Vivir por ver. La Habana no es Praga ni Varsovia. Pasarán cosas y todo eso quede en el aquello de mucho ruido y pocas nueces a pesar de la seriedad del acontecimiento.