Qué tener en cuenta al comprar un televisor

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Son pocos los que no cuentan con una televisión en su hogar y, sin embargo, muchos los que desconocen su funcionamiento y principales características técnicas. Esta escasa familiaridad con la tecnología doméstica no ha hecho sino crecer durante los últimos años, cuando aparatos de última gama y televisores inteligentes han inundado nuestros salones. Y, si bien es cierto que para disfrutar de uno de estos dispositivos no hay que ser un experto digital, conviene saber cuáles son los aspectos básicos que marcan diferencias cualitativas entre unos aparatos y otros. Pensemos que tarde o temprano tendremos que cambiar de televisor o, quizás, sustituir algunos de sus componentes: ¿cuál elegir? ¿Qué requisitos priorizar? A continuación, damos algunas ideas sobre cómo comparar entre sí los diversos productos del mercado.

En primer lugar, hay que tener claro que no todos los televisores generan de la misma manera la imagen. En este sentido, las pantallas LCD emanan su luz a través de una pantalla de cristal líquido, y son las más económicas. Por su parte, las LED destacan por su resolución y brillo. No obstante, la evolución tecnológica ha dado un paso más allá con las pantallas OLED: mejores colores, negros de calidad y también los mejores contrastes. Entre los principales fabricantes de estos dispositivos destaca LG, cuyas TVs de alta calidad LG OLED funcionan gracias a diodos orgánicos que emiten luz. Así, atrás quedan las pantallas de plasma, apenas ofertadas y constituidas por dos cristales que contienen gases nobles.

En segundo lugar, el futuro comprador probablemente se preocupe por las dimensiones del televisor. Aunque es habitual pensar que mientras mayor sea la pantalla más disfrutaremos de nuestro nuevo dispositivo, la realidad es que la medida escogida debería depender de las dimensiones de la habitación. De esta manera, si vamos a contemplar nuestro aparato a menos de un metro conviene un televisor de 32 pulgadas. En cambio, para una distancia de unos dos metros se recomienda un tamaño de 50 pulgadas. De ahí hasta los tres metros, es aconsejable optar por dispositivos de 55 y 65 pulgadas.

En relación con lo anterior está la resolución, de la cual existen tres tipos: HD Ready, Full HD y 4K. Las primeras tienen unas proporciones de 1280×720 píxeles, habituales en televisores de baja gama; mientras que las segundas cuentan con una resolución de 1920×1080 píxeles. Por último, sobre las dos anteriores localizamos el 4K, cuya calidad es superior a la de la mayoría de los contenidos existentes y, por lo tanto, poco aprovechable.

Otro aspecto a considerar es la denominada tasa de refresco: el número de veces que la luz incide en la pantalla por segundo. Medida en hercios, suele oscilar entre los 50 y 240, pero también las hay superiores. Se trata de un factor relevante, ya que dicha tasa es directamente proporcional a la calidad de la imagen.

Por último, el comprador se verá en la dicotomía de decantarse entre una pantalla plana o una curva. Las segundas proporcionan una experiencia más inmersiva, si bien son costosas y para visualizarla correctamente hay que cumplir un par de requisitos: encontrarse a poca distancia y contemplarla bien centrado.