Yoduro potásico

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Hay ciertos protocolos químicos que uno no desearía conocer nunca, entre ellos las pastillas de yoduro potásico que almacena Protección Civil y que nos serían repartidas en caso de que el viento sople desde Fukushima, (lo cuál es bastante improbable). Quizá esa nube gris no llegue por la parte de Toledo pero nunca se sabe.

En cambio sí hemos visto a niños sometidos al protocolo de la contaminación, niños en brazos de sus madres mientras un sanitario le pasaba un hisopo plastificado alrededor de su cuerpo. La muerte en versión nuclear es blanca y llega en silencio cuando los niños duermen en brazos del destino.

Mientras tanto un helicóptero trata de regar un reactor que está a una temperatura tan alta que se cuecen las gotas antes de llegar a su destino. El infierno tiene abierta sucursal en Fukushima y amenaza con hacer entrar a los valientes que se han quedado allí para detener las llamas con un dedo, inútil esfuerzo de contención. Eso sí, ya podemos tomar nota en occidente de cómo a unos pocos no les importa dejarse la vida siempre que la causa sea noble y beneficiosa para la comunidad. La diferencia entre Chernóbil y Fukushima es que en este caso no ha salido huyendo nadie.

No tengo ni idea de cómo son las pastillas de yoduro potásico, y de si se tragan con agua o ellas solas nos tragan a nosotros. Prefiero vivir en la ignorancia de una sociedad que prohíbe el tabaco porque contamina pero convive con la destrucción nuclear.