Los días más tristes

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Las chequeras se han quedado exhaustas, los gastos imprevistos se acumulan y las liquidaciones de las tarjetas de crédito superan los cálculos esperados. Estamos pasando los días más tristes del año. Lo dicen los expertos, no me lo he inventado yo. Estos días de enero son los más tristes por varios motivos: primero, porque han pasado las navidades y vuelve por entero el reencuentro con los problemas cotidianos; segundo, porque después de una primavera extemporánea con días solados y cielos luminosos, por fin ha llegado el frío propio de la estación; y tercero — ¿qué quieren que les diga?– porque la cuesta de enero ha empezado a hacerse notar en toda su crudeza.

Las chequeras se han quedado exhaustas, los gastos imprevistos se acumulan y las liquidaciones de las tarjetas de crédito superan con creces los cálculos esperados. Por si todo fuese poco, están los catarros agobiantes y las puñeteras gripes que tanto deprimen y hacen sufrir. O sea, que los expertos tienen razón en sus cálculos porque, por estas fechas, todos los problemas se acumulan, lo mismo que hacen los kilos con que el turrón y las libaciones nos han obsequiado durante las pasadas fiestas.

Esperemos a que todo pase pronto. Siempre hay que reaccionar con una reflexión optimista. Mariano Rajoy promete tiempos felices y, aunque hasta ahora no nos ha proporcionado motivos para confiar en sus promesas, por una vez vamos a darle un margen de confianza para el consuelo. La gasolina ha bajado y eso hay que reconocer que algo nos ayudará a acabar el mes, un mes largo este de enero, que pasa con una lentitud desesperante. Por algo se le ha rebautizado como el mes de la cuesta y, ahora, el de los días más tristes.

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