Pacto contra la corrupción

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¿Acaso el Estado, al margen de los trapicheos políticos, no tiene resortes suficientes y eficaces para frenar la corrupción, para perseguirla y para castigarla? El Partido Popular y el Partido Socialista parece que están pactando algún tipo de comportamiento conjunto, o por lo menos similar, ante los casos de corrupción de sus militantes. ¿Es necesario?, habría que preguntarse. En un principio la cosa suena bien, siempre es positivo que los dos partidos llamados a alternarse en el poder, al menos de momento, lleguen a acuerdos. Los rifirrafes entre los gobiernos y las oposiciones son necesarios, son parte del funcionamiento democrático, pero no siempre son imprescindibles.

Ante el escándalo de corrupción generalizada que nos alarma será positivo que sepan abandonar sus intereses electorales y actuar conjuntamente en la persecución de los delincuentes que se escudan en la actividad política para desplumar a la sociedad o a los votantes. Pero, vuelvo a preguntar, ¿es necesario un pacto interpartidario? ¿Acaso el Estado, al margen de los trapicheos políticos, no tiene resortes suficientes y eficaces para frenar la corrupción, para perseguirla y para castigarla? ¿Acaso no hay policía y jueces suficientes, y suficientemente diligentes para hacerlo?

Está fenomenal que los partidos estén atentos, que se fijen mejor en quien ponen para ocupar cargos, que controlen más a sus propios ejecutivos y, lo más importante, que dejen de buscar subterfugios para minimizar los escándalos que salgan a la luz y tretas para que retrasen sus condenas o eviten entrar a prisión sin dilaciones. Será fundamental para acabar con la corrupción el escarmiento de los corruptos unido al ejemplo que ese escarmiento cause en los que sientan tentaciones de imitarlos. Ya vemos que el qué dirán, la vergüenza en la calle y demás ya no cuenta.

Por ahí tenemos sueltos a ex presidiarios de renombre que lejos de haberse convertido en apestados sociales disfrutan tan tranquilos de la comodidad y el respeto que les proporciona lo indebidamente apropiado. Haber cumplido una condena con todas las ventajas y reducciones que el reglamento proporciona no debería ser suficiente para reivindicarse como persona limpia de pasado. Pero algunos así se comportan y hasta seguramente se ríen de los demás cada vez que se palpan la cartera que llevan en el bolsillo interior de la chaqueta.