Podemos pone firmes a PP y PSOE

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

La irrupción del grupo de Pablo Iglesias en el panorama político ha desencadenado un efecto dominó devastador para la ‘casta’. Por si alguien lo dudaba hace unos meses, en estos días en los que tiene lugar el proceso constituyente de su movimiento político, los líderes de Podemos lo han dejado claro: han venido para quedarse y aspiran a conquistar el poder. Quieren gobernar, no ser el principal partido de la oposición. Aspiran a forjar una maquinaria electoral imbatible y «tomar el cielo por asalto». Aunque la búsqueda de una mayoría social que les permita llevar a cabo sus objetivos les obligue a matizar o moderar su discurso.

Es obvio que ese es el siguiente paso. Podemos no puede aspirar a otra cosa que a ser la alternativa, porque desde las elecciones europeas, y su sorprendente cosecha de escaños, el grupo ya se ha convertido de hecho en la principal fuerza de oposición de este país sin necesidad de tener un solo diputado en el Congreso. Así que ¿por qué iban a conformarse con menos? Quieren llegar al poder y se disponen a dar los pasos para lograrlo.

No es raro tampoco que durante la celebración de esa larga ‘Asamblea Sí se Puede’, con sus tramos presenciales y sus tramos virtuales, hayan aflorado discrepancias entre algunos dirigentes del grupo. Sucede en todos los congresos de los partidos tradicionales que suelen presumir de riqueza y democracia interna cuando se da el caso. Ha habido, en ocasiones, enfrentamientos muy duros entre dos figuras relevantes de una misma bancada que querían ocupar el poder. Tanto, que más de un comentarista llegó a vaticinar rupturas ‘cainitas’ que, después, no se produjeron.

¿Recuerdan aquellas primarias que enfrentaron a Hillary Clinton con Barack Obama hace seis años? La batalla fue a cara de perro y hasta hubo quien pensó que la pugna entre los dos precandidatos demócratas acabaría por dar ventaja al Partido Republicano cuando llegaran las votaciones decisivas. Sin embargo, esos temores no se confirmaron, Obama batió a Clinton, ganó las presidenciales y, posteriormente, convirtió a Hillary en su secretaria de Estado, el cargo más importante que puede ocuparse en un Gobierno de EEUU en el caso de que no se haya conseguido acceder a la Casa Blanca.

De modo que lo más probable es que una vez que Podemos se haya dotado de la estructura que desee para iniciar su andadura como partido político, las facciones ahora divididas vuelvan a funcionar como una piña. Y si ustedes lo dudan, que estarían en su derecho, tengan muy claro que los actuales dirigentes del PP y del PSOE no se plantean otro escenario posible. Incluso si el grupo de Pablo Iglesias termina por no concurrir a las municipales, y a algunas autonómicas, y diluye sus siglas en una de esas candidaturas de unidad popular al estilo del Guanyem Barcelona de Ada Colau, Podemos seguirá siendo el enemigo a batir.

Así están las cosas y por eso, por la aparición, por primera vez en muchos años, de una posible alternativa de poder formada por políticos completamente ‘limpios’ y sin hipotecas previas con tramas de corrupción, se están produciendo movimientos inesperados en el tablero político y tanto el nuevo líder socialista, Pedro Sánchez, como el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tienen la necesidad de dar la impresión de que son sensibles al clima de malestar social que sus partidos han generado. Y también de que van a dar respuesta a esas peticiones poniendo en marcha un proceso de regeneración democrática.

Pero, ¿piensan hacerlo en realidad? Una vez más, resulta dudoso. La reciente oferta de pacto contra la corrupción realizada por el PP y que el PSOE acepta negociar, tiene toda la pinta de ser lo que es: una chapuza que se pone en marcha para que ambos partidos puedan llegar a las próximas citas con las urnas con algo que ofrecer a los electores, con alguna posibilidad de no ser machacados en la campaña por el estigma de su pertenencia a la casta y de su connivencia con las tramas de corrupción.

Esa es la clave. Lo malo es que a estas alturas hasta el más ingenuo de los electores potenciales se huele la tostada. Y más aún tras el estallido del caso de las ‘tarjetas black’ de Caja Madrid. Un asunto en realidad menor, comparado con los costes del ‘rescate’ bancario, pero que ha servido para ilustrar perfectamente en qué consistía ser parte de la ‘casta’. También que todos los grupos con cierta cercanía al poder estaban en el ajo. Como mínimo por permitir que los hombres que les representaban en determinadas instituciones tuvieran unos comportamientos tan inapropiados y, además, pudieran moverse por las alturas en busca de su propio beneficio con total impunidad.

Mientras tanto, los dirigentes de PP y PSOE tratan de minimizar los daños y ganar tiempo. Los de Sánchez, sin ir más lejos, se han dedicado en los últimos tiempos a ‘copiarle’ a Podemos todas las estrategias posibles, desde el uso de la red para lanzar mensajes ‘virales’ a la selección de los temas sobre los que intentan darle la batalla política al Gobierno. Hasta se preocupan de promocionar convenientemente las reuniones del nuevo líder y su equipo con miembros de la sociedad civil. Algunas, según cuentan, fijadas directamente a través del ‘facebook’ que, incluso, habrían dado pie luego a determinadas iniciativas parlamentarias.

Lo malo es que, como decía antes, nada de esto hubiera sucedido sin el inesperado éxito de Podemos en las últimas elecciones europeas. Incluso, el propio Sánchez quizá seguiría siendo un diputado más. Y eso significa que Pablo Iglesias y los suyos ya han resultado beneficiosos para la sociedad española al obligar a los dos partidos ‘viejos’ a, cuando menos, amagar un lavado de cara.

También al hacer que afloren asuntos que ponen en duda la verdadera honradez y la dimensión política de algunos supuestos próceres que, al parecer, eran más bien los jefes de una ‘mafia organizada’. La de las famosas élites extractivas que describió César Molinas, siguiendo el modelo forjado por los economistas Daron Acemoglu y James Robinson en su libro ‘¿Por qué fracasan las naciones?’.

Y, de momento, ese grupo es el verdadero enemigo. Sin su completa disolución será imposible salir de la crisis y encarar de verdad un tiempo nuevo. Pero no van a rendirse tan fácilmente por mucho que ahora parezca que están rodeados. Y eso es algo que no deberíamos olvidar. Ni los ciudadanos, ni los simpatizante de Podemos, ni los políticos honestos que puedan haber sobrevivido al dominio que han ejercido estos mangantes durante años sobre los partidos, los sindicatos y las instituciones.