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De las “represalias” al “mobbing”: el personal no sanitario estalla contra la gerencia del Hospital de Alcalá

domingo 14 de agosto de 2016, 00:00h
Hospital Universitario Príncipe de Asturias
Hospital Universitario Príncipe de Asturias
La plantilla ha llegado a denunciar penalmente a la Consejería de Sanidad por duplicidad de funciones y malversación tras la llegada de una empresa privada que cobraba por sus tareas.
“Intentan que el personal de mantenimiento quede mal ante la opinión pública, que parezcamos unos vagos para favorecer a las empresas privadas”. Esa es la estrategia que percibe el personal no sanitario de la sanidad pública madrileña. No se trata de un supuesto ni de una apuesta: es la situación que denuncian estos trabajadores del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS).
 
Mientras la Comunidad de Madrid avanza en la privatización de la gestión de los servicios no sanitarios, los trabajadores públicos buscan recortar el terreno ‘robado’ de las compañías privadas que entran de lleno a ocuparse de sus funciones. De hecho, la batalla se ha llegado a trasladar al ámbito judicial. “Si seguimos a este ritmo, extinguirán las categorías siempre que no seamos capaces de decir ‘señores, hasta aquí’”, advierte a ElBoletín.com un trabajador activo del SERMAS, que ha preferido mantener su anonimato por la actualidad de los procesos judiciales.
 
Una llegada de las empresas privadas que alteran el día a día de los trabajadores no sanitarios en los hospitales públicos madrileños. Algo que se ha podido apreciar en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, tal y como relata el profesional a ElBoletín.com. Todo comenzó con la llegada de Ferroser- filial del grupo Ferrovial- en pleno 2014. El aterrizaje de la empresa tenía un objetivo: la renovación del equipamiento de la central térmica y la central frigorífica del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares. “Nos dijeron que no nos iba a afectar, que íbamos a convivir como con las anteriores empresas”, recuerda el trabajador no sanitario.
 
Pero todo quedó en una mera promesa. Ferroser adquirió peso haciéndose cargo de “todo el mantenimiento”. Aunque la gestión tenía truco. “Comenzaron a encomendarnos tareas de Ferroser(mantenimiento de habitaciones, de quirófanos…), nos obligaban porque si no se quedaban sin hacer. No nos negábamos por funcionamiento. Hemos estado trabajando para una empresa privada”, asevera el trabajador público que representa la voz del resto de la plantilla. No obstante, este personal no sanitario no estaba dispuesto a dejar pasar dicha alteración de funciones.
 
“En los partes indicábamos que era funciones que tenía que hacer Ferroser”, explica el trabajador del SERMAS a ElBoletín.com. Entonces las preguntas comenzaron a inundar a dichos trabajadores.¿Cobraba Ferroser por tareas que hacían trabajadores públicos? Una cuestión que no encontraron respuesta por parte de los altos cargos del hospital alcalaíno: “No nos argumentaban si se estaba facturando esas funciones. No ha habido ningún aviso de la Comunidad a la empresa”.
 
En el libro de mantenimiento está la llave
 
Si los trabajadores públicos no sanitarios hacían una tarea de mantenimiento del hospital, ¿por qué acababa registrado como si el trabajo estuviese hecho por una empresa privada? Por los libros de mantenimiento. “El libro de mantenimiento lo llevaba Ferroser y así se apuntaban nuestros trabajos. Nosotros sólo teníamos la redacción de los partes. Hasta nos bloquearon el ordenador para que no buscáramos órdenes de trabajo. Y de esa manera controlaban los partes”, lamenta el profesional a este medio.
 
Gracias al control del libro de mantenimiento por parte de la compañía, los trabajadores no sanitarios públicos tenían las de perder: “Un día, por ejemplo, se podían [Ferroser] apuntar el 90% de los partes y así en una auditoría externa parecería que no saldríamos rentables al ver tan pocos partes. Manipulaban los partes para que saliese que disminuía nuestra actividad”.
 
Un escenario en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias que tenía que estallar por algún lugar y en algún momento. Y ese día fue el 11 de diciembre de 2015. La plantilla presentó una demanda penal a la Consejería de Sanidad por duplicidad de funciones, malversación de fondos públicos y prevaricación.
 
Turno de las represalias
 
La demanda no cayó de buen pie y las represalias no se hicieron esperar, según la plantilla. Los contratos temporales comenzaron a caerse. El 30 de diciembre los dos trabajadores no sanitarios eventuales pusieron punto y final a su recorrido de más de cinco años en el centro madrileño: el despido en forma de no renovación se hizo realidad. “De hecho, tuvimos una reunión con el gerente preguntando por la renovación y nos dijo que sí, sin problemas”, sentencia uno de estos afectados, sobre las reuniones anteriores a dicha no renovación.
 
Las causas que alegaron desde la Gerencia aún continúan chirriando a los despedidos, llegando a abrir una petición en Change.org para solicitar la readmisión. La sombra del despido improcedente se agiganta. Incluso CCOO no dudo en hablar de “represalia de manera discriminatoria” por “no renovar los contratos de los dos únicos denunciantes con contratos temporales, a pesar de seguir teniendo el mismo volumen de trabajo”. Y es sobre esa falta de trabajo sobre la que se basó el hospital para tumbar el contrato.
 
“Alegaron que el contrato va por acumulación de tareas y que habían descendido. Estuve 10 años trabajando siempre con contrato temporal y las veces que me despedían era porque ya había terminado de cubrir una baja o unas vacaciones”, apuntilla el trabajador a ElBoletín.com. A pesar de los argumentos de los trabajadores, la Gerencia, como cuenta el afectado, se empeñó en maquillar dicho despido: “La Gerencia defiende que solicitaron mi no renovación el 4 de diciembre y que nos lo comunicaron, por lo que no concuerda con la denuncia que fue el 11 de diciembre. Es falso. Ni he recibido ninguna carta ni nada comunicándome la no renovación”.
 
Unas mentiras que denuncia la plantilla que comenzaron desde la llegada de Ferroser: “Nos dijeron que no iba a afectarnos, pero nos empezaron a quitar guardias y turnos y la nómina lo notaba. Tras mucho luchar nos dieron las tardes y las noches de lunes a jueves, así como trabajar un domingo al mes. A los trabajadores nos han quitado tardes, noches, no cubren bajas… Los compañeros no dan a basto, muchas veces falta material…”.
 
Y todo mientras “se pagaba a dos empresas para hacer lo mismo con dinero público: eso es una malversación y lo avisamos. Cuando las cosas se complican, el parte lo derivan al personal público”, tal y como sigue sucediendo, según este miembro de la plantilla. Aun así, una de las mayores preocupaciones de estos trabajadores públicos pasa por, pese a trabajar con la misma intensidad, perder la batalla pública.
 
Aun así el escenario en el hospital alcalaíno no cambia. Las represalias en forma de despido han dado también paso al conocido mobbing empresarial, sobre todo con los trabajadores interinos. El personal no sanitario fijo del Hospital Universitario Príncipe de Asturias es intocable, por ello el objetivo de los altos cargos del centro se fija en esos interinos. “Les decían que en cualquier momento podían dejar de ser interinos para frenar las protestas. Es un mobbing en toda regla”, denuncia el trabajador en nombre de la plantilla. 

Marco González

Periodista o intento, por lo menos. Aprendiendo. Y todo con un mejunje en la cabeza, pero con el periodismo comprometido como pegamento de unión.

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