Los especuladores confían en tumbar el euro gracias al BCE

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Los especuladores financieros van a estar muy atentos a la decisión que tome mañana Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE) en relación a la subida de tipos de interés. De momento han eludido tomar posiciones en largo en la moneda única en vista de las consecuencias que pueda tener el anuncio del regulador paneuropeo.

Los mercados esperan una subida de tipos que lleve la cifra del 1% actual al 1,25%. Para finales de año, algunos expertos, como los de Danske Bank, ven al BCE situando los tipos en el 2%. Pero algunos analistas han advertido que una subida demasiado brusca en todos los sentidos podría alterar el optimismo que de momento rodea a la divisa comunitaria.

Estos entendidos, entre los que se encuentra el columnista de la agencia Dow Jones Nicholas Hastings, opinan que el crecimiento del euro (a 1,4296 dólares este mediodía) se debe a una euforia basada en dos pilares fundamentales que atrae a muchos compradores: la posición de la divisa como principal opción a la hora de ejercer el carry trade (comprar una divisa para simultáneamente vender otra) y la crisis de deuda de la zona del euro parece estar cerca del final con los mecanismos de rescate cerca de ser aprobados el próximo mes de junio.

Sin embargo, una subida importante de tipos podría desestabilizar a las potencias periféricas, y algunos estudios como el elaborado por el Economist Intelligence Unit, que argumentan que actualmente hay una opción de siete para que algunos países de la región abandonen esta moneda debido al descontento ciudadano que ya existe por las medidas de austeridad implantadas en sitios como Grecia, Portugal o España, y que podría acrecentarse con el encarecimiento del dinero.

De darse el caso, el euro desaparecería tal y como se le ha conocido hasta ahora. Y su depreciación sería, por lo menos en un primer momento, lógica y previsible.

De momento la zona del euro está pendiente de Lisboa. El próximo 5 de junio se celebran elecciones en Portugal para elegir al nuevo Gobierno tras la reciente dimisión de José Sócrates –que no pudo convencer al Parlamento luso para que aprobase un paquete de austeridad-, y será después de esa fecha cuando se ultimen los preparativos para recibir un plan de rescate que Bruselas estima en unos 80.000 millones de euros.

Antes de esa fecha los políticos de la zona del euro no quieren plantearse ningún tipo de ayuda ante la posibilidad de que suceda lo que ha pasado en Irlanda; que un nuevo Gobierno ha renegociado, o al menos lo intenta, las condiciones del rescate que recibió su predecesor. Enda Kenny, primer ministro del Tigre Celta, quiere reducir los tipos del paquete de ayudas del 6% al 3,5%.

Mientras, en Atenas –otro de los países rescatados hasta el momento- esperan a que se realicen las pruebas de solvencia a la banca europea para así poder conocer si al final se acepta una reestructuración de deuda; es decir, ampliar el plazo de pago a los tenedores de sus bonos o, directamente, pagarles menos de lo acordado.

Tanto Irlanda y Grecia, a pesar de los rescates, mantienen rentabilidades preocupantes en los mercados secundarios de deuda. Portugal también se encuentra en cifras récord.

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