Los toros españoles regresan a la pequeña pantalla cubana

Cuba La Habana capitolio
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Nada mejor que una historia bien contada para calmar nervios ante una pandemia que no tiene para cuando acabar porque crece por día y la vacuna aún no aparece: el gran Sebastián “Palomo” Linares, en el filme Nuevo en esta plaza (1966), en la televisión local y visto por par de generaciones de cubanos.

“Algo para recordar” es el título de la sección cinematográfica. Y en verdad, hay mucho para ejercitar la memoria.

Aunque una de las primeras acciones de los gringos cuando intervinieron en la isla fue suprimir las corridas, la pasión taurina no ha disminuido mucho que digamos sobre todo en esa parte, espectáculo a un lado, donde se procede al desguace de la víctima.

Entonces no estábamos tan mal como ahora en plena crisis alimentaria, cuando mi colega y amigo ya fallecido Rafael “Rafita” Simancas me invitó a Las Ventas para conocer de primera mano esa lidia entre el hombre y el animal, además de asistir a un memorable acto de democracia popular donde el público decide sobre varios acontecimientos de la corrida incluso para defender la vida del propio toro bravo.

Gran asombro poder observar a esos expertos matarifes proceder al desguace de la víctima sin tan siquiera ponerle una mano encima al tiempo que camiones refrigerados aguardaban por las piezas ya adquiridas.

Pregunté por el peso en comercialización, saqué apresuradas cuentas en las que incluía lo que tocaba por cartilla o libreta de abastecimiento y eran muchos los beneficiados a la hora de ir a la mesa en la isla.

Como Palomo Linares, El Cordobés y hasta el propio y legendario Curro Romero, estamos muchos cubanos en el peculiar ruedo del combate, haciendo arte por la supervivencia, a la espera que desde las gradas comiencen a ondear pañuelos blancos.

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