Los bancos centrales en 2022: ¿de garantes de la estabilidad a “fuente de sorpresas”?

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el vicepresidente, Luis de Guindos

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, y el vicepresidente, Luis de Guindos. Autor: BCE

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El próximo año 2022 será “interesante” para la política monetaria. Si hasta ahora la Reserva Federal y el Banco Central Europeo (BCE) han tratado de “ser predecibles y suprimir la volatilidad”, a partir de ahora podrían convertirse ellos mismos en los inductores de esta volatilidad, según consideran los analistas de BofA Global Research.

“Vemos un cambio del paradigma pandémico -en el que los bancos centrales han tratado de ser predecibles y suprimir la volatilidad- a uno en el que serán cada vez más la fuente de sorpresas”, alertan los analistas del banco de inversión estadounidense en un informe. En muchos casos, “esto significará una volatilidad del mercado inducida por los bancos centrales”. “Ante la gran incertidumbre sobre el crecimiento y la inflación, los bancos centrales han tratado de mantener la máxima opcionalidad para los próximos meses. Pero, desgraciadamente, la opcionalidad tiene que venir acompañada de compromisos previos más cortos y, eventualmente, de cierto dolor y volatilidad en el mercado”.

Los analistas del equipo de research de Bank of America apuntan a dos direcciones: “bancos centrales que necesitarán adelantarse a la curva”, caso de la Fed; “y otros que, a pesar de estar tentados a normalizar la política, acabarán siendo empujados por los mercados y los datos a permanecer quietos”, caso del BCE.

La semana pasada, la Fed duplicó el ritmo de reducción del QE, y ahora es probable que las compras de activos terminen a principios de marzo. Además, el gráfico ha pasado de media subida en 2022 a tres subidas en ese año, seguidas de otras tres en 2023 y dos en 2024.

“El problema es que la Fed probablemente siga estando por detrás de la curva”, señala BofA Global Research. “Esto se debe a un cambio de marco en el que prometió subir solo cuando se hubieran alcanzado todos los objetivos, en lugar de moverse suavemente a medida que la economía se acercara a esos objetivos”. En ese sentido, “ahora que la Fed ha alcanzado prácticamente sus objetivos, creemos que hay mucho margen para las sorpresas y la volatilidad”. De hecho, estos expertos esperan una senda de subidas “más agresiva”, con la primera subida de 25 puntos básicos en marzo, y luego una por trimestre en cada uno de los ocho trimestres siguientes.

BCE: preparando la salida

El caso del BCE es diferente, aunque también se atisba volatilidad en el horizonte. La institución que preside Christine Lagarde ha trazado un camino para salir de las compras de activos y para una posible subida de tipos a principios de 2023 si la inflación se ajusta a las previsiones. “Seguimos pensando que las previsiones de inflación del BCE son demasiado optimistas y que, en el segundo semestre de 2022, se verá obligado a prorrogar el APP hasta 2023 y no podrá realizar una subida antes de 2024”, considera sin embargo Bank of America.

“El verdadero problema que tienen los mercados con el BCE es que ha pasado de un objetivo de inflación simétrico y una ‘función de pérdida’ asimétrica (que exigía una flexibilización persistente cuando se acercaba al límite inferior) a algo que se parece a un ejercicio sobre cómo minimizar las compras de activos a partir de ahora y quizás prepararse para subir en 2023”, apuntan los analistas.

Los expertos avisan de que que “la inflación acabará por no anclarse, o al menos no en el lugar adecuado”, al tiempo que “el BCE tendrá problemas para controlar la curva de rendimientos”. “Los mercados tendrán que poner a prueba la determinación del BCE, valorar las abundantes subidas en 2023 y cuestionar el futuro de las compras de activos más allá de 2022”.

“Nos estamos preparando para un primer semestre de 2022 muy volátil, en el que el BCE será uno de los principales responsables”. “Seguimos pensando que no habrá subidas en 2022-23 y estamos convencidos de que las compras de activos continuarán durante los próximos dos años. Pero el BCE tendrá que dejarse empujar por los mercados y, finalmente, por los datos”, concluye BofA Global Research.