Listas de espera y falta de recursos en la escolarización de los menores TEA en la Comunidad de Madrid

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Todos los niños con Trastorno del Espectro Autista no tienen las mismas características ni las mismas necesidades. Por ello, su educación puede ser de distintas formas, ya sea en centros de enseñanza especial dedicados exclusivamente a estos menores, o en la educación ordinaria dentro de las aulas conocidas como TEA, donde sólo acuden 5 niños, apoyados en todo momento por distintos profesionales. La Comunidad de Madrid (CAM) dispone de 585 aulas de estas características, 437 en centros públicos y 148 en concertados, lo que según la Consejería de Educación daría cobertura a 2.925 menores. Este año los requisitos para entrar en las aulas TEA se han visto endurecidos, ahora los niños tienen que acudir al centro con un diagnóstico del trastorno, requisito que en realidad ya existía, pero no se cumplía. Desde Comisiones Obreras denuncian que la Consejería ha realizado esta acción para dificultad el acceso a las familias y así poder decir que no tienen lista de espera y que pueden satisfacer la demanda.

“Existen dos modalidades de educación para niños con TEA, la ordinaria y la especial”, detalla Luis Pérez de la Maza, director técnico de la Fundación AUCAVI y miembro de Autismo Madrid. Dentro de la ordinaria, los menores podrían o acudir a un aula al uso sin apoyos, si sus capacidades lo permitirían, o ir a un aula TEA. “Es la modalidad ordinaria, pero con apoyos significativos, en los que un mínimo de un tercio se desarrolla en el aula de referencia y el restante en el aula TEA”, concreta Pérez. En ambas opciones el alumnado sigue el currículo educativo con modificaciones, en cambio, en la especial ya no harían esto. El problema en este sentido es según el director técnico es la falta de plazas. “Hay más demanda que oferta”, determina: “Hay algunas familias a las que se escolariza en un centro con aula TEA, pero sin plaza TEA para sus hijos”.

El desacuerdo sobre los recursos TEA entre sindicatos y la Consejería de Educación

Las familias que quieran que sus hijos acudan a un aula TEA tendrán que presentar un diagnóstico clínico del menor hecho por un médico. Un requisito que ya existía, pero que raramente se cumplía. Ahora, en un contexto de pandemia, la Consejería de Educación ha hecho efectivo este criterio, que ahora todas las familias deberán cumplimentar. Desde UGT explican que existen retrasos en los diagnósticos de los niños por el colapso de la sanidad pública. Un hecho que desde la Consejería niegan: “No se han producido dificultades significativas al respecto, como revela el gran número de expedientes de alumnos con posibles TEA”. Por su parte, Isabel Galvín, secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO-Madrid, cree que esta actuación de la CAM ha hecho que las familias, que podían permitírselo, tengan que acudir a la sanidad privada para conseguir un diagnóstico. “Es una vulneración del derecho fundamental a la educación y en este caso, que son niños con necesidades específicas es un drama”, denuncia. Para ella, se habrían endurecido los requisitos porque no se podía satisfacer la demanda que existía.

A esto suman las listas de espera que hay en la Comunidad de Madrid en las aulas TEA. “Hay transparencia cero. Cuando reciben el diagnostico puede pasar un año hasta que los escolaricen”, establece Galvín. Una docente especialista en pedagogía terapéutica, que el año pasado trabajó en un aula TEA, explica que en su centro en Colmenar Viejo había familias que se quedaban sin plaza y tenían que esperar. La mujer que no quiere dar su nombre, miembro del sindicato UGT, añade que todos los años se da este problema. “No es correcto hablar de listas de espera”, se defiende la Consejería de Sanidad: “A todos los alumnos, una vez realizada la evaluación psicopedagógica, se les ofrece una plaza en un centro preferente TEA para el siguiente curso”.

La Consejería añade que durante el tiempo que no están siendo escolarizados en un aula de estas características, los alumnos reciben apoyo de maestros especialistas en Audición y Lenguaje, y en Pedagogía Terapéutica. Aunque, Galvín de CCOO duda de que esto suceda en el 100% de los casos. “En Madrid se han recortado los recursos de atención a la diversidad. Es una realidad inventada”, concreta la secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO-Madrid. Según ella, esto genera diferencias entre las familias, ya que las que tienen recursos pueden ir a centros privados o concertados.

Otro de los problemas, que tanto UGT como CCOO, denuncian, es que el alumnado, aunque tenga ya el diagnostico, solo pueden entrar en un aula TEA al inicio del curso, lo que les dejaría abandonados en un aula ordinaria sin apoyos hasta el siguiente septiembre. “Cada día que los niños no están recibiendo la respuesta educativa que necesitan, se pierden oportunidades”, establece Galvín.

Nuevas aulas TEA, sin profesionales y sin materiales

La componente de UGT, el año pasado creó un aula TEA en su centro, denuncia que en septiembre comenzaron su andadura sin los recursos necesarios para su labor, aunque, la Consejería les indico la creación del aula a finales del curso anterior. “A mí el ordenador no me llego hasta un mes y pico después y el resto de recursos fueron llegando a lo largo del primer trimestre. Al final las aulas salen porque los que los profesionales somos personas muy involucradas”, explica la docente. La Consejería niega los hechos, según ellos, los recursos llegan a los centros antes del comienzo del curso. Y, que de no hacerlo, es responsabilidad de los centros públicos que cuentan con autonomía de gestión y recursos económicos para adquirir lo necesario. “Lo que dice la Consejería es mentira, porque los ingresos a los centros los hacen ellos y falta agilidad”, matiza Galvín.

La falta de material lo único que echan en falta en los centros públicos a la hora de abrir un aula TEA. La Comunidad de Madrid ha anunciado que de cara al curso que viene se crearan nuevos recursos para las familias. Sin embargo, desde UGT matizan que los puestos de docentes en las aulas TEA se están cubriendo con personal interino, lo que da mucha precariedad al aula y a los niños, que cada año verían como son atendidos por nuevos profesionales. “Es un trabajo bastante duro, tanto físicamente como psicológicamente”, detallan.

 

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