Las protectoras de animales denuncian el abandono del Ayuntamiento de Madrid con la nevada

Perro y gato
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Hace una semana los madrileños veían como su ciudad se cubría de blanco por el paso de la borrasca Filomena, la cual acaba afectando a sus infraestructuras y servicios. A día de hoy continúan las consecuencias de la que ya algunos llaman la “nevada del siglo”. Unos de los afectados por el temporal han sido las protectoras de animales de la comunidad, en las que muchos voluntarios no han podido acceder a ellas, se han caído techos de las instalaciones y los animales han sufrido las temperaturas bajo cero.

La Federación de Asociaciones de Protección de Animales (FAPAM) engloba a varias protectoras madrileñas de Madrid. Su presidenta Matilde Cubillo ha recogido durante estos días las situaciones que han vivido. “Ha afectado a las estructuras, han tenido caídas de los techos de las gateras y de las vallas de las perreras. Los animales han sufrido un frío terrible porque no todos los sitios disponen de calefacción y de unas infraestructuras que protejan a los animales de las bajas temperaturas”, explica Cubillo.

“Hemos puesto mantas a los animales, se les intenta proteger lo más posible, pero cuando tenemos doce grados bajo cero es bastante complicado”, detalla la presidenta y añade que por culpa de las temperaturas los animales han sufrido heridas e irritaciones en las patas por estar en contacto con el hielo.

La protectora Alba forma parte de la FAPAM, ellos han podido mantener a los gatos y perros en el interior. “En nuestro caso el albergue está preparado para que se puedan cobijar los animales. Al estar metidos dentro tienen menos posibilidades de moverse, pero así evitamos que sufran una hipotermia”, narra la presidenta de Alba, Carolina.

Para ella, ha sido “una suerte” tener a los voluntarios de la asociación. “No pudimos acceder al centro por culpa de la nieve, pero tenemos a dos personas viviendo en el centro y han podido mantener como han podido el albergue”, comenta.

En otro de los centros que gestiona Alba, un voluntario, al ver la situación el viernes que comenzó la nevada, decidió quedarse allí con los animales para poder atenderles. “Se tumbó a dormir con los perros. Luego hubo que ir con raquetas en los pies para llevarle comida”, precisa Carolina.

“Los ayuntamientos no han considerado una prioridad que los trabajadores puedan llegar a los centros”, denuncia la presidenta de FAPAM. Según ella, tampoco han podido llegar los repartos de los piensos y medicamentos a muchos albergues. “Muchos siguen sin tener un acceso de vehículos y otros han tenido que contratar ellos mismos máquinas para despejar los caminos”, finaliza.