La victoria de Macron apuntala la Unión Europea

Emmanuel Macron, presidente de Francia

Emmanuel Macron, presidente de Francia

Los portavoces comunitarios se esforzaron ayer por no visibilizar el alivio que los responsables del Consejo, Charles Michel, de la Comisión, Ursula von der Leyen, sienten por la victoria del liberal Emmanuel Macron en las elecciones presidenciales francesas. Lo cierto es que ese triunfo apuntala y respalda por un quinquenio más la Unión Europea (UE), puesto que Francia, junto con Alemania, Italia y España son ahora los principales países que impulsan la Europa común.

El más expresivo fue el belga Charles Michel, también de la familia liberal, que considera que “podemos seguir contando con Francia otros cinco años más” y subrayó que “necesitamos una Europa sólida y una Francia comprometida con una UE más soberana y estratégica”. Sin embargo, los representantes de la Comisión fueron más comedidos “porque no comentamos los resultados electorales nacionales” aunque expresaron su agrado por la coincidencia del programa del presidente reelegido con respecto a las propuestas de la Comisión para este período. Lejos de la propuesta de Marine Le Pen que cuestionaba los cimientos mismos de la UE, pedía buscar fórmulas de acercamiento de Vladimir Putin y defendía una “Europa de naciones” muy alejada de la actual dinámica comunitaria.

Si bien las encuestas siempre mantuvieron una notable diferencia a favor del candidato reelegido, en Bruselas no se le escapa a nadie que más de la mitad de los franceses, casi el 60% votaron en la primera vuelta por candidatos que defendían una vuelta al nacionalismo económico -y militar- y un alejamiento de las posturas de Bruselas. Fueron los votantes de la propia Le Pen, Jean Luc Melénchon (Francia Insumisa) y Eric Zémmour (extrema derecha). Y a la vuelta de la esquina están previstas unas elecciones generales que pueden ser problemáticas para el presidente reelegido de no obtener un buen resultado, teniendo en cuenta que tanto Los Republicanos -herederos del gaullismo- como los socialistas, los dos pilares del sistema francés, y decididamente europeístas, han tenido un resultado más que catastrófico en estas elecciones.

La fe europeísta de Macron -quien preside este semestre la UE y ha impulsado decididamente el proyecto de la Conferencia de Europa para dar la voz a los ciudadanos- no ha hecho más que incentivar a todos los que consideran que una élite partidaria de la globalización y alejada de los asuntos cotidianos del continente es la responsable de la deriva actual desde Bruselas.

EL COSTE DE LA NO EUROPA

Muchos otras organizaciones -en Italia, en España y en otros países comunitarios- ven que los lemas contra la apertura de mercados y la internacionalización que postula la UE funcionan muy bien. Y seguirán utilizándolos. Pocos son los que explican con detalle el coste enorme que tendría la no Europa. De hecho, recientemente se han hecho públicas la evolución de la riqueza en los países que estuvieron sometidos por la antigua Unión Soviética y es evidente que han mejorado mucho más los que se integraron (Hungría, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Bulgaria, etc.) que aquellos, como Ucrania, que permanecieron al margen.

Pero los datos macroeconómicos y el potencial europeo conjunto no alivian los problemas de muchos ciudadanos franceses, y de otros países, que han visto como numerosas industrias se han desplazado dejando comarcas enteras sin actividad, como muchos productos agrícolas y ganaderos, a pesar de la PAC, pierden mercado por la competencia de terceros países por los acuerdos de Bruselas y todo eso va repercutiendo en el electorado. Que la mayor parte de los economistas y expertos internacionales considere un error una marcha atrás en la UE, eso no significa que los ciudadanos afectados por la desigualdad desatada a partir de la crisis de 2008 y acentuada durante la pandemia, piensen igual.