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La UE autoriza a que las empresas puedan seguir recibiendo ayudas directas como consecuencia de la pandemia

La vicepresidenta ejecutiva y responsable de política de competencia, Margrethe Vestager

La vicepresidenta ejecutiva y responsable de política de competencia, Margrethe Vestager

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Las empresas españolas podrán seguir recibiendo ayudas directas, como las del resto de la Unión Europea (UE), para hacer frente a las consecuencias de la pandemia. Así lo confirmó ayer la vicepresidenta de la Comisión, Margrethe Vestager, quien confirmó una cierta atenuación de las medidas de competencia para facilitar la transición ecológica y digital que se promueve desde Bruselas. Por ejemplo, anunció que se podrían aceptar ayudas directas a las empresas que promuevan la fabricación de semi-conductores en territorio comunitario. Muchos sectores se han visto afectados los últimos meses por la insuficiente oferta de esos productos que son vitales en muchos procedimientos, como el caso llamativo de la automoción que ha provocado la paralización de cadenas de montaje de vehículos.

Europa rectifica su política de competencia y dulcifica medidas ante el colapso mundial de determinados productos y ante la presión a la que se encuentran sometidas las empresas continentales por falta de suministros. Este giro permitirá, “siempre de manera equilibrada” según Vestager, ayudar a las empresas comunitarias que concurren en los sectores más afectados, principalmente en el sector digital.

La comisaria y vicepresidenta insistió en que por sexta vez en año y medio la Comisión ha adoptado la modificación del Marco temporal de Ayudas Estatales que permite las subvenciones directas de los estados a las empresas afectadas por la pandemia. Y añadió que se están revisando a fondo el entramado legal de Bruselas: “Estamos inmersos en una revisión de la política de competencia de un alcance y una ambición sin precedentes”.

Así se prevé contribuir a la transición ecológica con nuevas directrices sobre ayudas climáticas, medioambientales y energéticas. Con ellas se apoyarán los esfuerzos de la industria en la descarbonización, la circularidad y la biodiversidad, así como la movilidad limpia o de emisiones cero y la eficiencia energética en los edificios. Y para mejorar la conversión digital, las próximas directrices de banda ancha pretenden fomentar el desarrollo de la infraestructura digital facilitando el despliegue y la adopción de redes de banda ancha que respondan a las necesidades de los usuarios.

Todo ello dará lugar a que la Comisión siga apoyando a los Estados miembros para diseñar proyectos paneuropeos a gran escala de interés común europeo (PIIEC) que superen conjuntamente las deficiencias del mercado permitiendo una innovación rompedora e inversiones en infraestructuras en prioridades verdes y digitales que se consideran claves. Por ejemplo: el hidrógeno, la infraestructura en la nube, la salud y la microelectrónica.

Ante la ola de desabastecimiento y la dependencia de terceros países, la UE quiere restablecer y potenciar determinadas actividades en su suelo sin que ello implique “el autoabastecimiento” según la vicepresidenta. Sin negar la importancia de los mercados abiertos y manteniendo el control de las fusiones, la Comisión aboga ahora por permitir el crecimiento de las empresas, garantizando al mismo tiempo que los mercados sigan siendo competitivos y las cadenas de suministro estén diversificadas. Además, promueve una política antimonopolio que permita a las empresas de la UE unir sus fuerzas para fomentar la investigación y el desarrollo, diseñar, producir y comercializar productos, o adquirir conjuntamente los productos o servicios necesarios para sus actividades.

Es decir, una enmienda a las exigencias, para muchos observadores muy duras, que tenía Bruselas en muchos sectores económicos y que ahora se revisarán para poder competir con los grandes actores norteamericanos y chinos, fundamentalmente.