Monti sube el tono de la campaña electoral y ataca públicamente a Berlusconi

Mario Monti, primer ministro italiano
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Silvio Berlusconi tiene mucha experiencia como político italiano. Además de ser un multimillonario reconocido, dueño de empresas y de diversos medios de comunicación, también ha estado al frente del país durante años, enfrentando todo tipo de polémicas que han ido desde catástrofes naturales hasta juicios contra su persona por diversos delitos. Un rival con solera. Pero parece que Mario Monti, hasta ahora un tecnócrata de perfil bajo, aprende rápido y no quiere quedarse atrás.

El ex primer ministro, que es el favorito de Bruselas y de los mercados, ha acusado a Berlusconi en una entrevista radiofónica de ser un «incoherente». La argumentación es la siguiente: Il Cavaliere comentó hace días su intención de no presentarse a las elecciones anticipadas que se celebrarán en febrero si Monti, tras anunciar su dimisión, decidía asumir un supuesto liderazgo en una coalición de gobierno conservadora. Monti ha accedido a presidir cualquier coalición -no deja de ser un tecnócrata- y Berlusconi ha contestado a su ofrecimiento atacándole.

La acusación de Monti en la radio contrasta con su tradicional perfil bajo. Desde que llegó al poder -no se sabe muy bien cómo- en otoño del año 2011, tras la dimisión presentada por un Berlusconi presionado por unos mercados que habían situado la prima de riesgo del país en máximos históricos, el tecnócrata se ha dedicado a imponer reformas de austeridad con la intención de reducir los costes de financiación del país. Asimismo, lejos de mantener enfrentamientos políticos en Italia, destinaba buena parte de su tiempo a preparar las múltiples reuniones europeas que ha tenido que sufrir en los últimos doce meses para evitar, entre otras cosas, que el criterio de la Alemania de Angela Merkel fuese el único imperante en la región.

No obstante, Monti parece haberse dado cuenta de que, tras aceptar que sí será uno de los candidatos en las urnas, tiene que cambiar de estrategia y alejarse del papeleo, las hojas de estadísticas y las llamadas con otras capitales europeas si quiere mantener vivas sus aspiraciones de liderar, por segunda vez y esta vez tras pasar por unas elecciones, Italia. Una campaña electoral, y más en aquel país, exige reflejos, visibilidad mediática y un discurso basado, sobre todo, en el ataque al rival. En eso parece estar.