Obama exige a Merkel que ‘castigue’ al Bundesbank

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El presidente de EEUU, Barack Obama, ha exigido a la canciller de Alemania, Angela Merkel, que castigue al todopoderoso Bundesbank por ejercer de intermediario en el trasvase de fondos indios a cambio de petróleo iraní, algo que en Washington consideran delito debido a la complicidad catacterística de Teherán con el terrorismo islámico.

Desde hace unas semanas, el Banco Central de Alemania había decidido, de acuerdo con el Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Economía, aceptar gestionar el traslado de 9.000 millones de euros anuales desde Nueva Delhi hasta la capital de Irán. Su cometido concreto, según ha informado el diario local Handelsblatt, sería depositar esa cantidad en una cuenta del banco Europaeisch-Iranische Handelsbank, establecido en el país centroeuropeo. A su vez, esta institución financiera trasladaría estos fondos a Teherán conforme el petróleo iraní fuese enviado a la India.

El problema es que el régimen de Teherán está considerado cómplice de los terroristas islámicos, además de ser una potencia nuclear que ha recibido varias sanciones económicas hasta el momento. Por este motivo Washington presionó a las autoridades de la India para que dejasen de hacer negocios con Irán. Lo que no se imaginaron en la Casa Blanca es que el negocio seguiría en marcha con el consentimiento y apoyo de Alemania, el motor de la zona del euro y uno de los grandes aliados, junto al Reino Unido, de EEUU.

Aunque bajo la normativa de la Unión Europea (UE) el Bundesbank no está alterando ninguna regulación vigente, el tono empleado por Washington ha sido determinante para lograr la mediación de Merkel en una institución en teoría independiente, pero que debe plegarse a lo que Berlín considera legal o no en materia de transacciones.

EEUU ha explicado que el que apoya económicamente a un Estado que consiente el terrorismo islámico puede llegar a ser considerado, a su vez, como una pieza fundamental en la financiación del mismo. Ante esta retórica, y sobre una base llena de tensión cultivada a raíz de la postura alemana en Libia (Berlín se opuso a la intervención armada en el país africano mientras que EEUU, Reino Unido y Francia, entre otros, la apoyaban), la canciller ha tenido que exigir a los responsables del Bundesbank que, si bien pueden cumplir con lo pactado hasta el momento, no acepten más dinero que tenga como destino las arcas iraníes.

La presión internacional puede, no obstante, aumentar los problemas que Merkel tiene en su país, y en especial con la figura de Axel Weber, presidente en funciones del Bundesbank hasta el próximo mes de mayo. El culebrón entre Weber y Merkel también tiene su miga. El banquero es, a su vez, consejero del Banco Central Europeo (BCE) y hasta el pasado mes de febrero era el principal favorito -el único, para muchos- a la presidencia del regulador paneuropeo después de que Jean-Claude Trichet, actual cabeza visible del organismo, abandone el cargo el próximo mes de otoño.

Con Weber liderando el BCE, Alemania hubiese incrementado su influencia en las decisiones que se adoptasen a partir de entonces en la zona del euro, como la imposición de mayores medidas de austeridad en Grecia, Irlanda, Portugal o España que hubiesen calmado el ánimo del electorado germano, muy enfadado con la postura europeísta que, a sus ojos, ha adoptado hasta el momento su Gobierno, participando en los rescates de Atenas y Dublín, así como aceptando una ampliación del Fondo de Rescate Europeo (EFSF, por sus siglas en inglés).

Así que el futuro prometía ser feliz para Berlín. Hasta que Weber renunció a sus aspiraciones.

Fue un teletipo de Reuters aparecido en la primera semana de febrero el que informó de esta decisión, citando a una fuente anónima. El anuncio cogió desprevenido a todo el mundo. Y Merkel no fue una excepción. Weber no desmintió en ningún momento la historia, y fuentes del Bundesbank consultadas entonces por EL BOLETÍN tampoco lo hicieron. Unos días después el banquero visitaba a la canciller en el despacho de esta última y anunciaba formalmente lo anticipado por los periodistas, además de poner a disposición de Merkel su cargo al frente del Bundesbank.

Desde entonces las tensiones han ido subiendo de tono entre ambas personalidades hasta que la semana pasada Merkel, durante un acto público celebrado en compañía de los responsables del sector bancario teutón, acusó a Weber (que estaba presente en la sala) de haber actuado desde el BCE de forma poco solidaria con los países más frágiles de la región. La respuesta llegó unos días después. En concreto ayer lunes. Juergen Stark, el otro consejero alemán del regulador multinacional, escribió un artículo en el diario Handelsblatt criticando la política económica del Gobierno. Para Stark, las autoridades del país deberían aprovechar el crecimiento económico del que disfruta el país para recortar el aún más el déficit. Berlín espera cerrar el 2011 con un gasto público menor al 3% del PIB.

Con la marcha de Weber la canciller pierde también a su hombre más preparado para lidiar con las exigencias económicas de EEUU, planteadas en cada visita del secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, a Berlín. Las pruebas de solvencia realizadas a la banca europea el pasado mes de julio, por ejemplo, surgieron tras la presión de Washington. Sin embargo, Weber consiguió para la banca alemana un escenario más favorable de lo que los mercados se imaginaban, tal y como demuestra la trayectoria de la banca irlandesa, que también participó en esas pruebas utilizando un escenario de riesgo suave, aprobándolas, para cuatro meses después declararse en quiebra técnica y situar al borde del derrumbe financiero al Tigre Celta.

En Wall Street esperan que Weber aparezca, en el medio plazo, como una figura relevante a sueldo de Josef Ackermann, consejero delegado de Deutsche Bank, el banco más grande de Alemania por volumen de negocio.

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