165 millones de indios sufren discriminación por casta

Rosa María Calaf durante el encuentro 'El poder de cambiar el presente'
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Anna Ferrer llama a la reflexión frente a la desigualdad y la marginación en la India a través de la campaña de navidad que promueve la fundación. Esta mañana Anna Ferrer ha presentado ante los medios la campaña de navidad que, bajo el lema ‘El poder de cambiar el presente’, aspira a superar la indiferencia y a movilizar a las personas con el fin de vencer las desigualdades y la pobreza extrema que se vive en la India.

Con esta excusa, en un encuentro moderado por la periodista Rosa María Calaf -que invitó a que “más que un encuentro, sea una reunión de trabajo”-, la presidenta de la Fundación Vicente Ferrer abordó los cuatro desafíos impuestos a fin de asegurar el desarrollo de la India rural: discriminación por castas, trabajo infantil, matrimonio de niñas menores de edad y desnutrición crónica.

Pese a que hay miles de castas y subcastas, son cuatro las principales: tres altas y una inferior, pero el problema discriminatorio se ceba en los intocables, los dálit, que ni siquiera están encuadrados en esa jerarquía de clases y representan 165 millones de la población. Se les considera portadores de impurezas y, para evitar sus contagios, en vez de en vasos deben beber en cáscaras de coco o con sus manos; tampoco son dignos de comer en plato o en hojas: lo hacen directamente del suelo o sobre una piedra; ni siquiera pueden dejar huellas por si las pisa algún miembre de una casta superior… Este era el panorama hasta hace pocos años y aún se mantiene en las zonas tribales, donde la costumbre es creencia.

Además, 13 millones de niños están socialmente excluidos -la fuente oficiosa quintuplica la cifra-, viéndose obligados a trabajar para subsistir. Muchos son vendidos por sus familias por menos de 1000 rupias (13,15 euros), especialmente las niñas como empleadas domésticas, soliendo sufrir abusos. Así, 60 millones de niños y niñas menores de seis años viven por debajo del umbral de la pobreza.

Por otro lado, el 47% de niñas son forzadas a contraer matrimonio antes de cumplir los 18 años. Esta práctica ilegal, viene determinada por tres factores: la pobreza extrema, el escaso valor que se otorga a las mujeres y las normas culturales obsoletas debido al limitado acceso a la educación.

En cuanto al tema de desnutrición crónica que viven 62 millones de niños en el país que tiene la tasa más elevada de mortalidad infantil, se empieza a poner de manifiesto cuando los bebés dejan de alimentarse con la leche materna para empezar con otras alternativas, pero la comida tiene especias picantes y la opción más dulce es de baja calidad (galletas y leche de búfala aguada). Esta problemática ha sido encarada por la fundación con un plan básico de comida saludable: un huevo cuatro días por semana y un vaso de cereales cada día; con esta sencilla dieta infantil se ha mejorado la salud de unos niños que sufrían bajada radical de peso apenas abandonaban el periodo de lactancia.

La campaña pretende dar fruto en un doble sentido: “por impactar en la emoción y por saber de lo que importa, pues el conocimiento da paso al cambio”. Así, el saber, el tiempo y los datos serán los factores que posibiliten abordar los cuatro ejes que articulan la campaña.

Aunque el gobierno actual está en disposición de apertura y, en términos legales, no ha lugar la discriminación por castas, ni se permite el matrimonio infantil, ni tiene cabida la dote… es tarea compleja superar una tradición de siglos en un país habitado por más de 1.200 millones de personas. Y es aquí donde las intervenciones de la fundación son cruciales: concienciación ante todo. Estos controvertidos puntos pueden ser tratados abiertamente, ya que están en contra de la ley, pero las zonas rurales no se implementa la ley conforme entra en vigencia: “hay que esperar a ser depositarios de la confianza de la comunidad y, para ello, se empieza debatiendo sobre temas menos delicados, como pueden ser la salud o la ecología”, afirmó Anna Ferrer.

El trabajo de la fundación procura hacer de su área de influencia un ámbito de “referencia para la salud, el control del embarazo, el cuidado de niños, la lucha por los derechos de la mujer, de los intocables y de los discapacitados, así como contra la discriminación”. Si bien las acciones se focalizan en las castás más bajas, se reconoce como clave la concienciación de las altas y de los varones, con quienes se está trabajando recibiendo una buena respuesta por su parte: hay por fin una “plataforma que les permite expresarse y escuchar otras opiniones”. De nuevo, el poder de la palabra: Vicente Ferrer instaba a “lograr los mejores resultados sin animar a los más pobres a utilizar la violencia para romper la situación”.

La realidad de desigualdad persiste, es cierto, pero, según palabras de Anna F., “soy testigo de que la erradicación de la pobreza es posible, no es un sueño”, y aseguró que la unión de las fuerzas locales indias sumadas a las españolas mediante el apadrinamiento (en la actualidad hay más de 120.000 niños y colectivos de mujeres con patrocinio en España) dan fruto, ratificando la creencia de Vicente Ferrer: “No tengo fe en la sociedad actual, pero sí en las personas”.

El bindi, punto rojo colocado en el entrecejo, representa la “reactivación de la energía interior”, por lo que ha sido tomado como símbolo de la campaña: “el propósito es escuchar nuestros corazones y cambiar el presente”.

A esta iniciativa de la fundación Vicente Ferrer se han unido el actor Hugo Silva, la periodista Ana Pastor, el cantante Miguel Poveda, la presentadora Paula Vázquez, y las actrices Macarena García, Elena Furiase y Paola Dominguín, entre otros colaboradores y voluntarios de la organización. La campaña está creada y diseñada por la agencia de publicidad Shackleton, que ha participado también en otras ocasiones.