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Imitando a Charles Aznavour en el desayuno

Leche en polvo

Leche en polvo

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Nuestro anciano vecino, un hombre que ni bajo la ducha se le ha escuchado entonar viejas canciones de vitrola, amaneció hoy con menudo recital para todo el edificio.

De su anónimo repertorio sacó en voz pública una canción del conocido Charles Aznavour para alegría recordatoria de todos aquellos que tuvimos que enamorar con sus melodías que, dicho sea de propósito, en su última visita a La Habana en el 2006 le confesó a mi colega y amigo Jorge Smith que ninguna estaba basada en hechos reales de su vida.

Fue un despertar tragicómico, muy habitual en la Cuba de estos tiempos donde una desgracia casi siempre se convierte en risas en cuestión de segundos. El viejo guerrero en las selvas angolanas y el desierto etíope desentonó tanto que hasta los perros se alarmaron para secundarle en desordenado coro de ladridos lastimeros.

Si pésimos fueron los tonos, loable fue la versión libre de Venecia sin ti. Improvisó todo lo que le deseaba trasladarle al ausente auditorio y al mismo tiempo complacer la autoestima en el  soliloquio musical.

Cuando todos pensábamos que acto seguido a “qué profunda emoción recordar el ayer…” le seguía la pasión por la hembra, apareció la leche en polvo descremada, su inexistencia en ningún mercado fuera estatal, privado o ilegal. Entonces lo de “recordar el ayer” se tornó en una constante en su pesar por la ausencia y la imposibilidad de cumplir con los requerimientos médicos para una diabetes y un páncreas en estado poco menos que crítico.

Bajo la sombra del gran Charles Aznavour nuestro vecino desayunó hoy un vaso de agua, un plátano fruta y dos galleticas integrales caseras. Así o por el estilo, deberá estar hasta el nuevo año en que volverá la leche en polvo según las autoridades.