El Rey, sin rodeos

Felipe VI

Felipe VI ha eludido la retórica y ha felicitado la Nochebuena a los españoles con la firmeza, sensatez y frontalidad con que ya nos empieza a resultar habituales. En sus palabras, cordiales y conciliadoras, no aludió ninguno de los problemas importantes que actualmente tenemos planteados. Y para que no quedasen dudas empezó con la espinosa situación en Cataluña. Aunque el tono fue conciliador, no ha habido concesión ni comprensión alguna a quienes violan las leyes para imponer sus ideas legítimamente libres a los derechos de los demás. El resultado de las elecciones no puede llevar al camino de los enfrentamientos y la exclusión. Partiendo de esta premisa el Rey, que reflejó su convicción democrática aceptando los resultados de las elecciones del jueves, expuso con concisión los argumentos que demuestran que una actitud integradora es indispensable para que se restablezca la convivencia entre familiares y amigos, para que se recupere la economía y para que se restablezca la normalidad democrática que tan buen balance de resultados ofrece de estos cuarenta años.

Pero no fue sólo Cataluña el tema que centró el mensaje. También el Rey tuvo palabras comprensivas para la dura etapa económica que se ha sufrido y fijó como objetivos más urgentes afrontar la desigualdad, las diferencias sociales y la necesidad de crear trabajo estable. El componente social del mensaje lo completó con una condena contundente de la corrupción y la necesidad de medidas para erradicarla, así como la defensa del medio ambiente cuyos riesgos exigen medidas urgentes.

También se refirió a Europa cuyo proceso de integración se halla en una encrucijada y ante la cual España debe aportar todo el esfuerzo para que la supere. Y al terrorismo yihadista, con un recuerdo a los atentados de Barcelona y Cambrils, ante el que la unidad no puede mostrar fisuras. Con todo quizás la parte más emotiva de su bien medido mensaje haya sido su censura contra la violencia de género que sufren las mujeres y que, fueron sus palabras textuales, “nos avergüenzan a todos”.

Como síntesis del fondo del mensaje ha sido su invocación a una España abierta y solidaria, no encerrada en sí misma. Y con un sentido integrador, del que no excluyó una mención indirecta de quienes intentan romperla. Una España capaz de seguir progresando y disfrutando de la envidiable normalidad política que ha mantenido en las últimas décadas, algo que debemos conseguir entre todos.