El impuesto mínimo global, ¿una trampa para los países más pobres?

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El pasado mes de julio, 133 gobiernos de todo el mundo alcanzaron un acuerdo de alto nivel sobre la tributación de las grandes multinacionales, combinando una redistribución de los derechos tributarios (Pilar 1) y un impuesto mínimo global (Pilar 2). Lo que parece un avance histórico para evitar la elusión fiscal supone una espada de doble filo para los países más pobres, advierte sin embargo  Oxfam, que destaca que el acuerdo “está sesgado en su contra”, y aconseja a estos países mirar otras opciones antes de “firmar en la línea de puntos”.

El acuerdo, que se espera que sea puesto negro sobre blanco en octubre por los ministros de Finanzas del G20, pivota sobre dos pilares, explica Oxfam en un informe:

La renuncia a la tasa Google

El Pilar 1 es “al mismo tiempo revolucionario y mezquino”, señala Oxfam. Revolucionario porque por primera vez otorga derechos impositivos a los países de venta final de los bienes o servicios de las multinacionales, frente a los países de origen de estas empresas. Pero “mezquino porque el trato se aplicará solo a una pequeña fracción de las ganancias de una pequeña fracción de las empresas”. En concreto, redistribuirá entre el 20% y el 30% de los beneficios imponibles por encima de un margen de beneficio del 10% de las megacorporaciones con una facturación global anual de más de 20.000 millones de euros (y excluidas las industrias extractivas y financieras).

“Es probable que los beneficios sean muy pequeños dada la falta de ambición del Pilar 1”, señala Didier Jacobs, senior policy advisor de Oxfam America y autor del informe. Un estudio independiente estima que solo 78 empresas se verían afectadas y se redistribuirían 87.000 millones de ganancias imponibles anuales. Usando el PIB como proxy del tamaño del mercado, significa que los países de bajos ingresos obtendrían solo 600 millones de estas ganancias imponibles, y los países de ingresos medios 31.000 millones. Suponiendo una tasa impositiva del 25% de media, eso significa, respectivamente, 140 millones y 8.000 millones en ingresos anuales (equivalente al 0,03% de su respectivo PIB).

“Poco es mejor que nada”, apunta Oxfam, “pero hay una trampa”. “Una parte esencial del acuerdo es que todos los países renunciarían a cobrar impuestos a los servicios digitales”, la conocida como ‘tasa Google’, que EEUU considera discriminatoria hacia sus empresas.

“El quid pro quo para que EEUU entregue estas ganancias imponibles es que otros países abandonen todos los planes de gravar unilateralmente a las grandes tecnológicas. La pregunta es: ¿Vale la pena desde la perspectiva de otros países, particularmente los países de ingresos bajos y medianos?”. “Es muy posible que no valga la pena en vista de la baja estimación de ingresos del Pilar 1”, piensa la ONG, que cree además que la postura de EEUU “no es razonable”.  “Los impuestos a los servicios digitales no fueron concebidos para robar a los estadounidenses, sino para responder a una nueva tendencia económica y a normas fiscales internacionales obsoletas”.

El neocolonialismo del impuesto mínimo global

El Pilar 2 del acuerdo es el impuesto de sociedades mínimo global del 15%, para que todas las grandes empresas paguen ese tipo en todos los países en los que operan. El doble propósito que persigue es frenar la elusión fiscal de las multinacionales, así como la competencia fiscal entre países.

Para Oxfam, sin embargo, el 15% es “demasiado bajo”, apenas por encima de la tasa actual de Irlanda, por lo que pide elevarlo al menos hasta el 25%. Además, denuncia que todavía permite cierta competencia fiscal al excluir algunas ganancias del gravamen. Pero sobre todo censura que “será recaudado por los países donde las multinacionales tienen su sede, que son predominantemente países de altos ingresos más China e India. Solo si el país de la sede se excluye del impuesto mínimo global, los países donde operan las multinacionales (incluidos los países de ingresos bajos y medianos) podrán cobrarlo”. “Es neocolonialismo, puro y simple”, señala el autor.

Por ello, recuerda que “no hay ningún coste para los países de ingresos bajos y medianos para optar por salirse del impuesto mínimo global siempre que su tasa impositiva efectiva sea superior al 15%, que es el caso de la mayoría de ellos”. Además, “deberían considerar la posibilidad de actuar colectivamente”. Una coalición podría optar por salirse del impuesto mínimo global, copiar todo el trabajo técnico realizado por la OCDE y adoptar un impuesto mínimo global alternativo que sería exactamente el mismo que el acordado por el Marco Inclusivo, excepto que sería recaudado con prioridad por los países donde operan las multinacionales en lugar de los países donde están las sedes”.

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