Opinión

«El dolor es aquí, doctor»

Y cuando a principios de los 80s del siglo pasado conocí la historia de un cirujano del hospital habanero Hermanos Ameijeiras que en pleno quirófano debió cederle el bisturí a otro colega porque temblaba su pulso ante tantos problemas acumulados en el hogar, comencé a admirarlos mucho más.

Este hombre iba en bicicleta, sudoroso y cansado, a salvar vidas.

Muy sonado o viral en las redes sociales, como se acostumbra a decir en estos tiempos, el caso de los seis profesionales bayameses encausados en esa provincia al oriente de la isla por malas prácticas o ineficiencia ante un joven herido en accidente que desafortunadamente falleció.

Sin conocer absolutamente nada de nada acerca del proceso judicial porque poco o cero ha sido informado, me asaltaron tres preguntas.

Una, qué clase de abogados defensores tuvieron los encartados que no lograron convencer al tribunal.

Dos, ¿no conocía el tribunal o el fiscal los innumerables problemas y dificultades que presenta nuestra sanidad pública? y tres, un médico o dos pudieran enfrentar la justicia por malas prácticas o errores en su trabajo y perder el título, pero seis, así en bulto, me cuesta mucho trabajo entender y creer.

Un juicio que debió llevar impecable transparencia ante la opinión pública.

Acabo de concluir poco más de un año con mi esposa aquejada de un cáncer tratado en el INOR (Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología) más conocido por hospital oncológico.

Puedo dar fe de la extraordinaria calidad humana de cirujanos, oncólogos, personal paramédico, de servicios y hasta de las reclusas que prestan servicios en la limpieza del centro.

De igual forma, de las limitaciones y carencias que ponen contra la pared a cualesquiera de los antes mencionados (pacientes incluidos) y que no son de entera responsabilidad. Usted no puede reprender a un pintor por no hacer su trabajo si antes no le proporciona brocha, pintura, andamio y protección en las alturas.

Mucho, pero que mucho trabajo me cuesta reconocer que la justicia fue injusta con esos médicos en Bayamo. Un juicio, al parecer, oportunista, que sólo el día a día y el tiempo se encargarán de demostrarlo.

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«El dolor es aquí, doctor»

Aurelio Pedroso

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