El Consejo Europeo avanza sobre el certificado de vacunación, pero constata que queda mucho para superar la pandemia

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La cumbre no dio mucho de sí. Los presidentes y primeros ministros de los 27 reunidos por videoconferencia han constatado las enormes diferencias que aún subsisten sobre como atacar la pandemia y han aceptado crear un pasaporte de vacunación digital que debería estar listo antes del verano. Era una exigencia de los países con más turismo, entre ellos España, y por el momento solo se ha decidido buscar las mejores fórmulas. Las mayores reticencias proceden de los países del norte y de Francia que no quieren que ese certificado sea discriminatorio. Los otros dos grandes temas de la reunión, la defensa común y la denominada vecindad sur, se cerraron sin grandes avances.

El certificado de vacunación digital será estudiado ahora técnicamente para ver si es posible que esté activo antes del verano tal como reclaman los estados del sur -Grecia lo pondrá por su cuenta con Israel y otros países lo están estudiando- para permitir la movilidad. Pero ahora mismo se ve como una solución lejana por el bajísimo número de ciudadanos europeos vacunados. La mayor parte de los dirigentes se mostraron muy cautos a la hora de evaluar el certificado, aunque han apostado claramente por estudiar su formulación.

Además, los líderes políticos reclamaron a la Comisión mayor agilidad en la producción y reparto de vacunas. El problema reside en que no es tan fácil ampliar en pocos días los grandes centros de producción de las farmacéuticas o crear otros nuevos y que tampoco resulta sencillo disponer de todos los elementos necesarios para producir las vacunas. La impresión general es que todo mejorará a partir de abril y mayo. Mientras tanto la preocupación crece con el aumento de las variantes (inglesa, sudafricana y brasileña) que ya se han extendido por la mayor parte de los países.

Respecto a la necesidad de incrementar los recursos propios en materia de defensa común los dirigentes escucharon al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, quien subrayó que Europa por sí misma no tiene capacidad suficiente para mantener la autonomía militar. La idea de garantizar una defensa común surgió a raíz de la actitud del anterior presidente de Estados Unidos, Donald Trump, poco partidario de mantener la estructura actual de la OTAN. Pese al cambio de administración en Washington, la idea es persistir en una estrategia común de defensa de los 27. Pero siempre dentro de la OTAN, hasta tal punto que en el comunicado final se recoge expresamente la colaboración estrecha con esa organización defensiva. El Gobierno español ya había expresado su apoyo a que cualquier nueva medida debe contemplarse dentro del paraguas que supone la defensa común de la Organización del Atlántico Norte. Existen muchas resistencias entre unos y otros países en función de la capacidad militar de cada uno y de su potencial para producir armamento.

Finalmente, tampoco se han producido acuerdos significativos con la denominada vecindad sur, es decir con los países del Mediterráneo. No mucho más que pedir al Alto representante, el español Josep Borrell, que refuerce los mecanismos de colaboración. A Europa lo que le preocupa es la desestabilización de algunos de esos países, como el caso significativo de Libia, y que tiene como consecuencia, entre otros aspectos, un incremento de la emigración irregular hacia el continente. Para España este es un asunto primordial y ha logrado incluirlo en la agenda de las preocupaciones de la Unión Europea.

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