El BCE prepara el «principio del fin» de su política ultraexpansiva

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El Banco Central Europeo (BCE) afronta este jueves una cita decisiva, tal vez histórica, en la que se prevé el anuncio de un giro de timón en la política monetaria ultraexpansiva que la entidad ha desplegado desde marzo de 2015 con el objetivo de impulsar la inflación y la coyuntura de la eurozona. Después de que el presidente del BCE, Mario Draghi, señalase a comienzos de septiembre que «probablemente» el «grueso» de los ajustes se decidiría en octubre, a estas alturas los duchos en la materia no albergan ninguna duda de que Fráncfort cumplirá con su palabra y comunicará un paulatino regreso a sus orígenes.

Los analistas pronostican que el Consejo de Gobierno del organismo moverá mañana ficha en dos sentidos: por un lado, acordando una reducción del volumen del multimillonario programa de compra de deuda; por otro, ampliando su duración nueve meses más.

De esta forma, las actuales compras de deuda pública y privada que el BCE realiza con carácter mensual por valor de 60.000 millones de euros (65.300 millones de dólares) se reducirían en 25.000 o 30.000 millones pero, a cambio, no culminarían en diciembre de este año, como está inicialmente previsto, sino en septiembre de 2018.

El movimiento, con el que se busca conjugar la retirada de estímulos con el mantenimiento de un euro fuerte, permitiría evitar posibles terremotos en los mercados.

Donde no se prevén cambios es en los niveles de los tipos de interés rectores, que se espera que se mantengan inalterables en su mínimo histórico del cero por ciento durante un periodo prolongado de tiempo, quizás hasta 2019.

El Banco Central Europeo prepara el inicio del fin de su política de barra libre de liquidez en un momento en el que la economía de la eurozona crece y el nivel de precios se resiste a acercarse al valor considerado óptimo por Fráncfort, cercano pero inferior al dos por ciento.

En septiembre, la tasa de inflación en los 19 países del euro, fue del 1,5 por ciento, el mismo valor que registró en el mes precedente.

En aras de impulsar las bajas tasas de interés y de apuntalar el crecimiento económico, el BCE puso en marcha en marzo de 2015 un multimillonario programa de compra de activos, que contempla en la actualidad inyecciones directas de unos 60.000 millones de euros mensuales.

El plan fue muy cuestionado en países como Alemania, en donde incluso algunos políticos críticos decidieron acudir a los tribunales tras acusar al presidente del BCE, Mario Draghi, de estar extralimitándose en sus funciones, al intervenir directamente en la política monetaria de los países y de estar financiando presupuestos estatales, algo que excede el mandato del banco.

La activación de este instrumento, conocido como QE en sus siglas en inglés, ha implicado un importante incremento del balance del Banco Central Europeo, que en dos años ha duplicado su importe pasando de algo más de dos billones de euros a los más de 4,3 tres billones.

En este tiempo, Fráncfort ha adquirido más de 212.000 millones de deuda española. Con estas cifras, la economía ibérica se coloca como la cuarta que mayor presencia tiene en la cartera del BCE por detrás de Italia (más de 280.000 millones de euros), Francia (más de 320.000 millones de euros) y Alemania (más de 400.000 millones de euros).

Con las compras masivas impulsadas por Banco Central Europeo, Draghi ha inundado de liquidez el mercado, lo que se ha traducido en una caída de los réditos de la deuda pública que ha servido para que empresas y Estados pudiesen financiarse de forma más barata en los mercados.

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