Dos semanas de los beneficios de los multimillonarios de la alimentación financiaría la lucha contra el hambre en África Oriental

África Oriental

La organización no gubernamental Oxfam Internacional ha señalado este lunes que la cantidad correspondiente a menos de dos semanas de beneficios de los multimillonarios del sector de la alimentación bastarían para financiar la totalidad del llamamiento de Naciones Unidas para responder a la crisis de hambre en África Oriental, que actualmente hace frente a la falta de fondos.

La ONG ha señalado que los multimillonarios de este sector han aumentado su riqueza colectiva en 382.000 millones de dólares (unos 377.000 millones de euros) desde 2020, mientras que el llamamiento formulado por la ONU es por un total de 6.200 millones de dólares (cerca de 6.120 millones de euros), actualmente financiado apenas en un 16 por ciento, en medio de una gran inflación de los precios de los alimentos.

«Se está acaparando una cantidad monstruosa de riqueza en la parte superior de las cadenas de suministro de alimentos a nivel mundial», ha manifestado Hanna Saarinen, responsable de política alimentaria en Oxfam Intermón. «Mientras que el aumento de los precios de los alimentos contribuye a una catástrofe creciente que está dejando a millones de personas sin poder alimentarse. Los líderes mundiales se encaminan como sonámbulos hacia un desastre humanitario», ha alertado.

«Necesitamos un nuevo sistema alimentario mundial para acabar realmente con el hambre. Un sistema que funcione para todos. Los gobiernos pueden y deben movilizar suficientes recursos para prevenir el sufrimiento humano. Una buena opción sería gravar a los súper ricos que han visto dispararse su riqueza a niveles récord durante los últimos dos años», ha explicado.

En este sentido, Saarinen ha manifestado que «este sistema alimentario global, en esencia roto, que es explotador, extractivo, mal regulado y en gran parte en manos de grandes agronegocios, se está volviendo insostenible para las personas y el planeta y está empujando a la inanición a millones, en África Oriental y en todo el mundo».

Oxfam ha subrayado que los habitantes en países de África Oriental gastan hasta el 60 por ciento de sus ingresos en alimentos, en una región que además depende en gran medida de los alimentos importados. Así, los alimentos y bebidas representan el 54 por ciento del IPC en Etiopía, mientras que en Somalia los precios del maíz eran seis veces más altos que los precios mundiales en mayo respecto al año anterior.

Asimismo, en algunas regiones somalíes, el gasto de la cesta mínima de alimentos se ha disparado más del 160 por ciento en comparación con 2021, con el precio de un kilo de sorgo un 240 por ciento más alto que el promedio de los últimos cinco años. En el caso de Etiopía, la inflación alimentaria se ha disparado un 43,9 por ciento desde el año, pasado, con un aumento del 70 por ciento de los precios de los alimentos entre enero y mayo de este año, más del doble del aumento mundial.

En Kenia, el precio de la harina de maíz, principal alimento básico, se duplicó en siete meses y aumentó un 50 por ciento en solo entre junio y julio, un aumento de los precios de los alimentos y la energía que aumentará la pobreza en un 2,5 por ciento, empujando a alrededor de 1,4 millones de personas a la pobreza extrema.

Por su parte los precios de los cereales en Sudán del Sur triplicaron en mayo sus niveles del año previo, mientras que el precio del pan se ha duplicado desde 2021. Así, el precio medio de los cereales ha sido superior al 30 por ciento de la media de los últimos cinco años.

Por ello, Saarinen ha hecho hincapié en que «las naciones ricas deben cancelar de inmediato la deuda de esos países, que se ha duplicado en la última década, a fin de permitirles liberar recursos para hacer frente al aumento vertiginoso del hambre e importar el grano necesario». «Este dinero puede y debe recuperarse fácilmente gravando a los ultra ricos», ha argüido.

Oxfam Intermón ha solicitado además que los gobiernos regulen mejor los mercados de alimentos y garanticen reglas de comercio internacional más flexibles a favor de los consumidores, trabajadores y agricultores más vulnerables. De esta forma, ha reclamado que gobiernos y donantes apoyen a la pequeña agricultura, que en Asia y África subsahariana proporcionan más del 70 por ciento del suministro de alimentos.