Diciembre negro en la isla

Un vendedor con mascarilla por el coronavirus en una calle de La Habana
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Como carta credencial, el último mes de este difícil año arribó a Cuba envuelto en un frente frío, sin sol, con los cielos teñidos de un gris fúnebre. Mal presagio pata ateos y creyentes de múltiples religiones.

La crisis local, adjunta a la internacional y el recrudecimiento gringo no solo en lo económico, sino en los aspectos sociales y políticos con diversas manifestaciones antigubernamentales, dibujan un panorama nada halagüeño para despedir este 2020.

El turismo, esa suerte de bengala roja lanzada a los aires, recién ha comenzado a rendir los primeros frutos de cara a la red hotelera, mientras que el sector privado no logra levantar cabeza por esa disposición de las autoridades sanitarias que obligan al turista a permanecer prácticamente más de una semana sin poder salir del inmueble.

Tal medida ha provocado alguna que otra cancelación de cubanos residentes en el exterior, principalmente aquellos radicados en Miami, EEUU, donde viven poco menos de un millón.

A esto, agregar que el ambicioso plan de reformas económicas o “actualización del modelo” no marcha a la velocidad requerida. Uno de sus puntos esenciales, la unificación monetaria y su nueva tasa cambiaria, han provocado tensiones y preocupaciones todavía sin dilucidar.

Los precios agroalimentarios, entretanto, han subido de la noche a la mañana sin que los salarios hayan aumentado para contrarrestar los efectos inflacionarios.

Un mes engorroso, sin alentadoras perspectivas en un necesario proceso de reordenamiento en todos los órdenes. Así vendrá este 2021, con muchas ilusiones y tareas pendientes.

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