¿Cuándo y por qué debemos hacer el cambio de cualquiera de las lunas de nuestro coche?

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El mantenimiento de un coche es algo sumamente importante, ya que no solo ayuda a conservar en perfecto estado su estética, sino que asegura que el vehículo sea seguro en todo momento. Por esta razón, se suelen hacer controles periódicos de determinadas piezas importantes, como el motor, las ruedas o las suspensiones, entre otros. Pero hay otras partes que pasan más desapercibidas que, sin embargo, son igual de importantes en cuanto a seguridad y confort se refiere; es el caso de las lunas.

En muchas ocasiones, no se suele prestar la atención necesaria a los cristales de un vehículo, sin darse cuenta de que se trata de uno de los elementos más importantes a nivel estructural puesto que protegen a los viajeros en caso de impacto y permiten una visibilidad correcta en todo momento.

Por estas razones es sumamente importante saber en qué ocasiones concretas es necesario realizar un cambio de lunas o hacer un sencillo arreglo de las mismas.

¿Cuándo es necesario hacer un cambio de lunas?

Existen determinadas circunstancias, que se indicarán más adelante, en las que se debe llevar a cabo algún tipo de reparación o sustitución, en función del problema que presente la luna; pero en caso de que no exista ningún tipo de desperfecto, también se deben llevar a cabo revisiones periódicas, para analizar el estado general de las mismas, la existencia de algún desperfecto y verificar que no presenta ningún problema, por pequeño que sea, que el conductor no haya visto. Este tipo de revisiones se deben realizar cada 150.000 km de recorrido que realice el vehículo en cuestión.

Es importante tener esto en cuenta puesto que en caso de tener que pasar la ITV y que la luna tenga alguna grieta o rotura, por pequeña que sea, en forma de estrella, esto supondría una inspección técnica desfavorable que podemos evitar con un mantenimiento correcto.

Motivos principales que requieren una reparación o cambio de luna

Ahora bien, además de las revisiones periódicas previamente mencionadas, hay ciertas situaciones en las que el estado de la luna debe ser revisado por profesionales, con el fin de que estos verifiquen si es necesaria una sustitución completa del cristal o si, por el contrario, basta con una simple reparación. Los casos más comunes son los siguientes (de menor a mayor riesgo):

  • Luna rayada: en ocasiones las escobillas de los limpiaparabrisas no se encuentran en perfecto estado, o se utilizan sin que el cristal esté correctamente mojado. Esto puede ocasionar rayaduras que, en un primer momento, carecen de importancia, pero que pueden suponer una disminución en la visibilidad del conductor, además de que estas marcas pueden empeorar y aumentar su tamaño si no se toman las medidas necesarias a tiempo.
  • Luna con un impacto: también es muy común, cuando se va conduciendo a velocidades elevadas, que una pequeña piedra impacte contra el parabrisas, haciendo una pequeña rotura en el mismo. Suelen ser pequeñas al principio, pero corren el riesgo de convertirse en una grieta de mayor tamaño si no se repara a tiempo.
  • Luna rajada: una raja es una fisura de mayor tamaño que un impacto, lo que puede conllevar a que el cristal se fracture más fácilmente si no se soluciona.
  • Luna con el laminado despegado: es el caso más complicado ya que requiere de una sustitución obligatoria. Esto ocurre cuando los bordes de la luna comienzan a despegarse, dificultando la correcta visibilidad del conductor.

Para conocer la importancia de la grieta o rotura que presenta la pieza es necesario determinar su tamaño. Se suele decir que cuando el tamaño del golpe es menor a 16 mm o bien inferior al tamaño de una moneda de 2€ y este se encuentra fuera del campo visual principal del conductor, entonces la fisura se puede reparar rellenándola con los adhesivos necesarios y luz ultravioleta.

Por el contrario, si las medidas de la rotura son superiores a las previamente indicadas, si existe más de un golpe en una misma luna o bien si la fisura se encuentra a menos de 6 centímetros del borde del cristal, en esos casos se recomienda sustituir la luna por completo.

Los pasos para mantener en correcto estado las lunas del coche son muy sencillos, basta con conservar los cristales limpios en todo momento, con las escobillas de los limpiaparabrisas siempre en perfecto estado, realizando los cambios de las mismas que sean necesarios, y llevando a cabo las revisiones periódicas necesarias. Además, es importante acudir a un profesional en los casos en los que la luna presente alguno de los daños previamente mencionados.

De este modo, se conservará, no solo la estética del vehículo, sino su total confort y seguridad.

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