Bob Sands Quartet lleva al Central su jazz de alto voltaje

Bob Sands Quartet

El cuarteto del saxofonista neoyorquino presenta durante una semana su último disco, ‘Out and About’, en el club de jazz madrileño. Bob Sands sube al escenario, retira a un lado el atril en el que reposan sus partituras, avanza hacia el micro con paso decidido, empuña el saxo tenor tras quitarle la boquilla y empieza a tocar. Lanza al aire una frase rápida y escucha. Suena bien. La música fluye con facilidad y el, por fin, se relaja. 

Este artista ‘madrileño’ que nació en Nueva York confía en las solvencia y el poder de su cuarteto. En el pianista Pablo Gutiérrez, el contrabajista Francisco López y el batería Daniel García, sus tres compañeros de faena. No hay ninguna duda. La complicidad y el buen ambiente que se respiran en el escenario saltan a la vista y se dejan sentir en el potente y elegante sonido que estos cuatro artistas consiguen crear juntos. «Son unos músicos increíbles y llevamos tiempo tocando juntos. Nos comunicamos muy bien», asegura Bob.

Son un equipo. Y al líder no le gusta imponer su criterio, o por lo menos, no sin antes haber consultado a sus compañeros. Así que, entre canción y canción, en este ensayo improvisado al que hemos tenido la ocasión de asistir, se produce un vivo debate sobre cuál es el siguiente tema que prefieren tocar. Deben decidir si eligen un número rítmico y alegre u optan por pasar un rato sumergidos en algún ‘baladón’ de esos que sobrecogen al oyente. Al final, casi siempre se impone la primera opción. Será que hoy tienen el día saltarín. 

Curiosamente, Bob Sands es mucho más conocido en España como director y artífice de su ‘Big Band’ que en esta otra faceta, de líder de cuarteto, a la que ha dedicado mucho más tiempo. Aunque sería incapaz de elegir entre una cosa u otra. A él le resulta gracioso que algo que surgió como un entretenimiento temporal para amenizar su fiesta de cumpleaños, se haya convertido en una ocupación seria y duradera.  Cada formato tiene sus requerimientos propios. 

«Me encanta la Big Band. Tiene una fuerza y unas posibilidades sonoras casi infinitas y también el cuarteto porque te da una libertad absoluta. No hay que dirigir nada. Estás con gente con quien te gusta tocar y te dejas ir. En la Big Band, por el contrario hay que medir cada detalle», explica. 

El Bob Sands Quartet acaba de grabar un disco, ‘Out and About’, y va presentarlo tocando una semana entera en el Café Central de Madrid, uno de los mejore clubs de jazz de Europa, según la crítica especializada, cuya continuidad, sin embargo, no está asegurada. Un elemento más de la inexplicable, y terrible, paradoja a la que se enfrenta el jazz español que ha alcanzado su madurez como estilo con características propias pero esta muy lejos de alcanzar la popularidad y la relevancia que tiene, por ejemplo, en Francia. 

Instrumentistas

Eso sí, la música está en su mejor momento, gracias a un puñado cada vez más numeroso de instrumentistas capaces, técnicos y creativos a la vez. Una verdadera fiesta para los buenos aficionados. Y Sands, que, como ya hemos dicho, es a la vez estadounidense y español tras haber vivido casi 22 años en este país, ha sido un testigo privilegiado de esta interesante evolución y hasta puede presumir de haber contribuido a ella.  

«Cuando yo llegué aquí había gente que tocaba de maravilla. Perico Sambeat, Victor de Diego, Javier Colina y unos cuantos más.Pero hoy el número se ha multiplicado por diez y no sólo en Madrid. En toda España. También han mejorado mucho las posibilidades de formarse, de aprender a tocar jazz. Y eso influye bastante», explica.

Sands conoce bien el terreno porque ejerce como profesor desde hace años. Una tarea que también le apasiona y en la que, según asegura, aprende casi tanto como sus alumnos. «Dar clases es una responsabilidad muy, muy grande y es un trabajo que me encanta. Yo creo que cada vez que yo enseño algo aprendo. Y no solo me ayuda a saber más. También aprendo distintas formas de relacionarme con la gente. Y eso realmente tiene muchísimo que ver con la música. Al fin y al cabo, cuando tocamos estamos intentando comunicarnos con alguien. Y, mientras mejor sepas hacerlo mejor será tú música», opina.

Así que en los últimos años, la educación musical ha mejorado en este país y el jazz se ha beneficiado de ello. O lo había hecho hasta ahora, en un proceso que puede verse interrumpido también por el impacto de la crisis y los recortes presupuestarios. Pero, a pesar de que la escena cuenta ahora con muchos más músicos que nunca y de que estén mucho mejor formados, no no puede decirse que esta sea una edad de oro. 

El negocio languidece. A velocidad de vértigo. Como sucede últimamente con casi todo lo que tiene que ve con la cultura. Y nadie, ni dentro ni fuera del sector, parece tener una respuesta que explique con precisión lo que está pasando. ¿Qué es lo que falla? ¿El público? ¿Las instituciones? ¿La escasez de empresarios privados dispuestos a correr riesgos? 

Factores

Sands cree que podría ser una mezcla de todos esos factores, pero confirma que en la actualidad, los músicos de jazz, tienen menos oportunidades de tocar en directo que nunca. Y lamenta la retirada del apoyo que antes prestaban los ayuntamientos y las comunidades autónomas y los cierres de locales que se han producido. También los sitios vacíos que, demasiadas veces, se ven en los conciertos de este género.

Entonces, ¿falta, de verdad, un público entusiasta para el jazz? Tal vez sea así si hablamos en términos de cantidad, pero la calidad y la disposición de los aficionados españoles está fuera de duda. Y pasan cosas y se tejen complicidades que resultan completamente inusuales en el resto de los géneros. Hoy, por ejemplo, estamos en ‘Bogui Jazz’. El dueño de este club, Dick, ha abierto el local expresamente para que Bob y su cuarteto pudieran ensayar ante la prensa para promocionar las actuaciones que realizarán en un club de la competencia. 

¿Inaudito? Quizá. Y tal vez, fue este ambiente de camaradería  y de ganas de hacer cosas grandes el que impulsó a Sands a quedarse en España, dispuesto a también él a contribuir en lo que pudiera. «Cuando llegué aquí, sentí que en Madrid había un hueco para mi. Como músico y como profesor. Que me necesitaban. Y, aún sigo sigo pensando lo mismo. Nueva York parece que está bien sin mi. Han logrado superar el golpe de mi ausencia. Y lo mismo pasa con París», bromea.

Porque, según nos explica su plan original era otro. Vino a Europa para vivir durante un año en París, pero antes de llegar a la ciudad que quizá sea la verdadera capital europea del jazz, se detuvo en Barcelona y Madrid para visitar a dos amigos. Entonces varió ligeramente su programa, decidió pasar un año en España, luego otro en Francia y regresar a Nueva York luego  «hablando perfectamente español y francés». Dos décadas después de aquello sigue aquí y, «ni siquiera hablo bien el castellano», lamenta. 

Out and About

El ensayo prosigue. Bob Sands y su cuarteto han repetido varias veces la melodía principal de ‘Toodles’, la canción que abre ‘Out and About’. Un tema que, según su propio autor, intenta capturar la energía y el tipo de ambiente de corte tradicional que podía escucharse en los trabajos de los Jazz Messengers o en los viejos discos de Blue Note

En este álbum, grabado en los estudios madrileños de ‘Casa Limón’, Sands ha buscado de modo consciente llegar a las raíces de la música que adora. Por eso incluso hay algunos ‘standards’ de compositores como Jerome Kern, Richard Whiting o Duke Ellington, cuyo tratamiento y resolución puede evocar a las bandas de Dexter Gordon o Sonny Rollins. Pero también hay otras estructuras mucho más cercanas a la corrientes jazzísticas más actuales. Y hasta un poco de pop. Con matices.

«La primera parte de ‘It?s a girl’, una canción que le he dedicado a mi hija, tiene una armonía bastante sencilla. Que sí, podría ser bastante ‘popera’. Pero luego llega el puente y la cosa cambia bastante», relata.

Lo cierto es que a estas alturas de su carrera, Bob Sands no tiene que preocuparse demasiado de buscarle justificaciones a lo que hace. Durante su estancia en España ha tocado con todo el mundo. Su saxo tener se ha asociado con todos los nombres que significan algo en esta escena. Pero ya antes de llegar aquí, había trazado una trayectoria muy sólida en la que tuvo relación con muchos de los grandes nombres del jazz mundial. 

Con Lionel Hampton, por ejemplo, con el que estuvo de gira casi dos años y a quien le debe, entre otras muchas cosas, el haberle dado la oportunidad de tocar por primera vez en Europa. Fue en Roma, en el año 1991. Pertenecer a la banda de un ‘mito como’ este no tiene precio. Se aprende mucho y también, en ocasiones, se puede incluso cumplir algún que otro sueño. Como compartir escenario con Dizzy Gillespie, sin ir más lejos.

«Toque con Dizzy seis o siete veces cuando yo estaba en la banda de Lionel Hampton. Es uno de mis músicos favoritos de todos los tiempos. Y, además de hacer música con él, estábamos en el mismo hotel. A veces subía a su habitación y nos pasábamos horas hablando de música. Fue una experiencia increíble», rememora.

Hay que despedirse. Y cuando se le pide a Sands que formule un deseo para el futuro, no tiene demasiadas dudas. Al menos en un primer momento. «Mas bolos, por favor», suplica. Luego se lo piensa y mira al periodista para preguntarle: «No sé.¿quizá debería haber pedido la paz mundial?». Pero alguien en la sala le recuerda el motivo por el que estamos aquí. Para animar a los aficionados a pasarse por el Café Central entre los días 17 y 23 de este mes. Siete noches seguidas. Así podrán conocer de primera mano como suena ‘Out and About’. «Sí -concede Sands- Hay que decirlo. Venid todos.»

Y yo, por mi parte, les aseguro que no es un mal consejo. Es probable que haya pocas cosas más productivas para emplear el tiempo ahora mismo que disfrutar de una potente velada de jazz de primera calidad. Y eso, y no otra cosa, es lo que conseguirán seguro si se deciden a ir a ver tocar en directo al cuarteto de Bob Sands. Ya lo saben, yo se lo recomiendo.