De Ferre evoca el espíritu de los grandes ‘bluesman’ en la Fundación Juan March

De Ferre, guitarrista y cantante madrileño

¿Sonó blues en un concierto matinal de la Fundación Juan March? Dejen de pellizcarse porque es cierto. Es sábado por la mañana y hoy toca De Ferre en el auditorio de la Fundación Juan March. Y eso es mucho decir. Gracias a este guitarrista y cantante madrileño que reside en Bélgica, los cánticos más rabiosos de los trovadores negros de la primera mitad del siglo XX han encontrado un hueco en el ciclo ‘Los mundos de la guitarra’ que está institución cultural ofrece cada sábado gratuitamente a los madrileños.

Como es costumbre la cola empieza a formarse dos horas antes del inicio del concierto, aunque el público que espera pacientemente para conseguir su entrada no tiene ‘pinta’ de haber asistido a alguno de los conciertos de este ‘bluesman’ blanco en ‘La Coquette’, uno de los bares madrileños en los que se programa habitualmente este tipo de música. Tampoco parecen haber oído en su vida una guitarra resonadora como la que va a utilizar De Ferre. Pero allí están en cualquier caso y parecen bastante interesados por lo que les espera. Y también quizá, un poco inquietos.

Mientras tanto, el protagonista del ‘show’ de hoy vela sus armas en la cafetería de la Fundación. Está muy interesado en que el concierto salga bien. También los organizadores. Aunque la ‘anarquía creativa’ habitual en está música no encaje del todo en las costumbres de la casa. Es fácil darse cuenta de ello. Una ordenanza se acerca a De Ferre y le pregunta con amabilidad…que si sabe cuanto dura cada una de las canciones que están escritas en el programa. Y si ya ha pensado en el bis. Y el guitarrista sonríe y le contesta que estará más o menos una hora sobre el escenario.

«Es la primera vez que escribo un programa antes de dar un concierto», dice. «La verdad es que yo suelo improvisar los ‘set lits’. Y¿qué pasa con la duración de las canciones? «Pues depende del día confiesa De Ferre. De la disposición del público y de lo bien que me sienta tocándolas», explica.

Programa

Y así ha sido está vez también, a pesar de todo. Aunque en el concierto han sonado casi todas las canciones que figuran en el programa, el artista no ha respetado el orden. Aún así el espíritu y los temas legendarios de los pioneros de este género ancestral han deleitado hoy a un público respetuoso y entregado, al que De Ferre ha sabido meterse en el bolsillo. Tenía buenos aliados. Tipos como Robert Johson, Skip James, Big Bill Broonzy, Son House y alguno más. Lo mejor de cada casa.

Y, por supuesto, De Ferre también contaba con su propio virtuosismo. Sin embargo, este guitarrista excepcional está convencido de que los músicos a los que evoca tocaban mucho mejor que él. Lo que puede o no puede ser cierto. «En el blues, o en el jazz, cuando haces una versión lo que haces es un arreglo nuevo. Yo todas las canciones las cambio…¿Por qué? ¿Para ser más creativo? No. Es que no hay manera de tocarlo cómo lo hacían ellos. Es tremendamente difícil. Copiar es mucho más difícil que ser original», asegura.

Pero eso sí. Aunque pueda cambiar algunas nota o introducir algunas pequeñas variaciones en los ‘riffs’, la esencia del tema se conserva intacta. Porque para De Ferre, cuando se tocan estos blues lo importante es transmitir completamente su mensaje. «La canción sigue siendo la misma. Y el mensaje está ahí. Es decir, bueno yo estoy fatal, porque me han echado del trabajo, mi mujer me ha dejado, el banco me ha quitado la casa. Se trata de ponerse en el lugar del que sufre», explica.

Y, ¿cómo ha podido De Ferre, un artista blanco y español, conectar de esa manera con las canciones que hicieron los viejos ‘bluesmen’ en los años de la Gran Depresión? Lo cierto es que el encuentra una relación muy natural entre su evolución musical y los sonidos que defiende y ama. «Yo nací en España…Pero, ¿qué escuchaba yo de niño? Pues Credence Clearwater Revival, Pink Floyd, Eric Clapton. Es lo que se oía en casa. El flamenco vino después. Entonces de ahí a pasar al blues es un paso fácil. El blues forma más parte de mi cultura que otras muchas cosas», defiende.

Dobro

Parte de la magia de este sonido reside en los peculiares instrumentos que se utilizan para conseguirlo: guitarras resonadores con mecanismos de ‘autoamplificación’ de aluminio, cuerdas de acero, ‘slides’, cejillas y púas de dedo. Unas ‘herramientas’ que De Ferre maneja con destreza y que surgieron en un tiempo, en el que como ahora, muchos artistas se veían obligados a tocar solos y prescindir de sus grupos de acompañamiento por cuestiones puramente presupuestarias.

Para De Ferre está claro que las guitarras resonadoras, las ‘laps steels’ y los ‘dobros’ son la solución perfecta para los solistas a la fuerza. «Yo antes tenía un grupo con cinco músicos, un saxofón, batería…Todo. Pero imagínate. Para mover esto…Hace falta mucho dinero. Entonces piensas y en lugar de tocar con un bajista, pues haces el bajo con el dedo gordo de la mano derecha», enumera.

Además, si llega el caso hasta se puede funcionar sin equipo de sonido gracias al volumen que estos instrumentos llegan a generar. Sobre todo si se tiene una voz potente como es el caso. Durante el concierto, De Ferre ha introducido cada canción con una docta explicación sobre el autor, la época en la que fue escrito, su temática y hasta las particularidades sonoras que incluía. Una labor divulgativa, casi un apostolado, que no le cuesta nada hacer. Aunque no por eso se olvida de sus propias composiciones.

«En mi trabajo hay un 50% de canciones propias y otro de ‘divulgación’. Porque muchas veces te piden que toques clásicos, pero si no tienes nada propio, también es difícil que vayas a un club de jazz y te vendas…No se puede tocar siempre lo mismo que se tocaba hace 80 años», afirma.

Hoy, como hemos dicho antes, el público, aparentemente poco habituado a lo que estaba escuchando, ha disfrutado. Pero estábamos en un entorno casi académico, en el que se guardaba un respetuoso silencio. Nada que ver con los ruidosos clubes donde De Ferre y el resto de los intérpretes de blues suelen realizar su trabajo rodeados por adictos al género. Y aunque los locales se llenan, este tipo de música parece restringida a un ámbito minoritario. Pero quizá este tópico mil veces repetido no sea del todo cierto. O al menos esté empezando a dejar de serlo.

Autotune

«Ahora casi todo está programado por ordenador, corregido con autotune (un programa que ‘afina’ las notas fallidas de los cantantes), y cuadrado con el metrónomo. Pero las músicas como el blues y el flamenco son orgánicas. Uno desafina un poco, uno acelera un poco…y todo es más natural. Y, al final, cuando uno va a escuchar a alguien, pues yo creo que es más agradable. Otra cosa es que desde el punto de vista del ‘marketing’ se pueda vender este sonido a los quinceañeros. Quizá no. Pero alguno hay. Siempre. Yo cuando tenía quince años escuchaba esto», explica De Ferre.

En Bélgica, y allí donde hay presupuesto el guitarrista madrileño toca con su trío. Le acompañan un bajista y un batería que él califica como «regalos» del cielo. De hecho, se formó de un modo bastante peculiar. «Yo preparé mi repertorio en solitario y un día, un vecino me vio y me dijo…¿tú tocas? Yo también. Toco el contrabajo. Y a los dos días…Ding dong…Eh, vengo a tocar. Que suerte. Mi vecino de enfrente toca el contrabajo. Y, además es español. Y, además toca muy bien. Y su mejor amigo es percusionista. Turco. Fantástico. Es una suerte, y encima les gusta tocar conmigo. Yo creo que están un poco locos», bromea.

Pero, de momento, en sus actuaciones españolas, De Ferre, sigue presentándose en solitario. Lo mismo que ha hecho hoy en la Fundación Juan March. Un reto que tanto el artista como los organizadores ha superado con nota. El blues ha sonado y el mensaje de los viejos artistas que supieron acompañar el sufrimiento de aquella generación luchadora ha llegado nítido y claro al público de hoy. Y sonaba actual, quizá porque también en estos tiempos se necesiten poderosas medicinas sonoras, como las que este extraordinario y singular músico guarda en la funda de su guitarra.