Cáncer, hígado graso e insuficiencia renal: los problemas derivados del alto consumo de carne

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50 kilos de carne al año consume de media cada español, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Una cuantía alejada de los 200 a 500 gramos semanales (entre 10 y 26 anuales) que recomienda la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Después de varios años de caídas, la ingesta de carne ha aumentado tras la pandemia en un 10,5% respecto al 2019. La alta prevalencia de estos alimentos en la dieta de los españoles podría estar detrás de algunos tipos de cáncer y de problemas en el hígado y en los riñones.

Una de las claves para mejorar la salud de la población española sería la reducción de los productos de origen animal -carnes, pescados, huevos y quesos- cambiándolos por otros vegetales – legumbres, semillas, verduras y frutos secos. Así lo considera el nutricionista Giuseppe Russolillo, presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética. Para él, es más importante el patrón de alimentación que el consumir más o menos carne: “No estamos diciendo que haya alimentos malos, sino que tenemos que cambiar la alimentación para que vuelva a ser equilibrada”.

“Comemos más carne de lo recomendado”, explica la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas, Alma Palau. “Habría que ir viendo persona por persona y analizar si es lo que necesita. Las recomendaciones son generales y luego hay que aterrizarlas en cada caso en particular”, matiza.

No todas las carnes son iguales

Las carnes magras son las aves de corral, el conejo y la caza y son las más recomendadas. Mientras tanto, las carnes grasas son el cerdo, el pato, la ternera, el buey y el cordero, y son las de un consumo más reducido. “Habría una excepción con algunas partes de las carnes grasas que podrían considerarse magras”, concreta el dietista Giuseppe Russolillo.

Para la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas, a veces las recomendaciones pueden ser confusas. “A la semana tendríamos que comer dos o tres raciones. Luego específicamente las carnes rojas no podrían superar las dos o tres veces por mes. El resto de raciones tiene que ser de aves o conejos”, ejemplifica Alma Palau. Para ella habría que poner el hincapié en el mayor consumo de productos vegetales. “Hay que tener en cuenta el perfil de persona que consume mucha carne suele ser individuos que comen pocas verduras. Entonces, comer más carne de la recomendada, si la acompañamos de muchos vegetales puede no ser tan perjudicial”, relata Palau.

Cáncer, hígado graso e insuficiencia renal

“El exceso de carnes rojas está relacionado con un mayor porcentaje de riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer”, detalla Alma Palau. Una sobreingesta de estos productos, acompañada de la no presencia en la dieta de suficientes vegetales pueden dañar la flora intestinal. “No es que comer carne roja te produzca cáncer, lo que decimos es que su exceso puede estar asociada a la aparición de estas enfermedades”, añade Giuseppe Russolillo.

Otro de los problemas de salud que pueden ocasionar son la insuficiencia renal y el hígado graso. Según explica Palau, el 15% de la ingesta diaria de alimentos debería ser de proteínas, pero actualmente muchas personas consumen más de un 50%. “Toda la proteína que el cuerpo obtiene y no necesita se elimina por orina, es decir, se filtra por el riñón. Acabamos usando tanto este filtro que se daña y tenemos un porcentaje altísimo de personas con insuficiencia renal”, razona la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas.

La grasa excesiva que se consume a través de ciertos tipos de carnes se iría acumulando en las vísceras del organismo, pudiendo ocasionar, entre otros problemas, el hígado graso. “En principio no es una patología, pero acaba teniendo un mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado o de enfermedades hepáticas irreversibles como la cirrosis no alcohólica”, puntualiza Palau.

“Tenemos que proteger a nuestros ganaderos”

“Es encontrar el equilibrio”, arguye la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Dietistas y Nutricionistas. Además, considera que desde los años sesenta en España el consumo de carne ha ido creciendo. “Tenemos que volver a una dieta mucho más vegetal, pero no es necesario que sea 100% vegetal”, añade.

Este crecimiento, para el presidente de la Academia Española de Nutrición y Dietética se explica por la connotación social que han adquirido los alimentos a lo largo de las décadas. “Hace 80 años las legumbres y patatas era de pobres. Las carnes, el pescado, el jamón y el marisco eran de familias ricas. Seguimos con esa idea. Estamos tomando alimentos propios de sociedades opulentas porque los consideramos mejores”, argumenta Giuseppe Russolillo. Por este motivo, cree que los españoles han comenzado a alimentarse de carne de manera descontrolada y poco coherente con el medio ambiente y el sacrificio del propio animal.

“Antiguamente tenían un animal en casa que criaban durante meses, ahora entramos en el supermercado y vamos metiendo en la cesta animales muertos envasados”, concreta el nutricionista. Para él, antes la dieta estaba acompañada de actividad física: “Tenemos que abandonar la vida sedentaria y promover un estilo de vida activo”.

Por último, una vez se decide comer carne, para él, se tiene que hacer desde la consciencia. “Hay que consumir lo producido en nuestro entorno geográfico, promoviendo la economía circular. Tenemos que proteger a nuestros ganaderos”, pide Giuseppe Russolillo.