Aviso de los expertos: la subida de la inflación no será tan transitoria como se pensaba

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Banco Central Europeo

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La inflación de la eurozona no solo ha escalado a máximos no vistos en la última década, sino que podría no ser tan transitoria como había defendido hasta ahora el Banco Central Europeo (BCE). Algunos expertos comienzan alertar de que están apareciendo los temidos efectos de segunda ronda, lo que podría obligar a la responsable de la política monetaria a plantearse su postura en el corto plazo.

El pasado viernes, Eurostat comunicaba un aumento de la inflación de la eurozona en septiembre de cuatro décimas en su tasa interanual hasta alcanzar un 3,4%. No se había alcanzado una tasa tan alta en el bloque comunitario desde septiembre de 2008, el mismo mes en el que se produjo la caída de Lehman Brothers. Además, la inflación subyacente, que excluye los más volátiles precios de la energía y los alimentos, se aceleró hasta el 1,9%, frente al 1,6%.

En España, el IPC se encuentra en el 4%, también sus máximos de 13 años, mientras que en Alemania, principal economía de la eurozona, los precios han escalado a una tasa del 4,1%. En este último caso hay que remontarse prácticamente tres décadas para encontrar tasas similares.

Hasta el momento, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha defendido que este repunte será temporal. Sin embargo, las últimas cifras sugieren que se están generando efectos de segunda ronda, lo que parece dar munición a los ‘halcones’ de la institución, que abogan por una retirada de los estímulos.

“El aumento de la inflación general sigue estando impulsado principalmente por los denominados factores puntuales, como la subida de los precios de la energía, la reversión del IVA alemán o los aumentos de precios tras el cierre de los servicios de ocio y hostelería”, explica Carsten Brzeski, analista de ING. Sin embargo, “se ha extendido a toda la economía, y casi la mitad de los 100 principales componentes de la cesta de precios al consumo registran tasas de inflación superiores al 2%”.

El aumento de la inflación está alimentando el debate entre los ‘halcones’ y las ‘palomas’ del BCE, y lo cierto es que ambos bandos tienen argumentos, destaca Brzeski.  “Mientras que la reciente subida de los precios de la energía y la perspectiva de que las fricciones en la cadena de suministro se prolonguen hasta 2022 ponen en aprietos al bando ‘transitorio’, la holgura del mercado laboral y la desaparición de algunos efectos de base el año que viene siguen minando la opinión ‘más persistente’”, explica.

Los efectos de segunda ronda

El experto del banco holandés avisa, sin embargo, de algunos de los temidos efectos de segunda ronda están comenzando a materializarse. “En nuestra opinión, algunos factores puntuales deberían desaparecer el año que viene, pero la inflación podría resultar más persistente de lo que el bando ‘transitorio’ supone actualmente. De hecho, vemos que se materializan dos tipos de efectos secundarios, que mantendrán la inflación más alta de lo esperado el próximo año”, señala el analista de ING.

El primero efecto “es la repercusión del aumento de los precios de producción en los precios al consumo”. “En el pasado, los productores absorbieron el aumento de los costes reduciendo los márgenes de beneficio”, explica Brzeski. “Esta vez, parecen estar dispuestos a trasladar los costes más altos a los consumidores, como demuestra el hecho de que las expectativas de precios de venta, tanto en el sector manufacturero como en el de los servicios, se encuentran actualmente en máximos históricos o cerca de ellos”.

El segundo canal de transmisión serán los salarios. “El desajuste en el mercado laboral entre la falta de trabajadores cualificados y las todavía elevadas tasas de desempleo, así como la re-regionalización de la producción como resultado de las fricciones en la cadena de suministro, podrían dar lugar a un aumento de los salarios”, advierte el analista de ING.

Las previsiones del BCE

Las tasas de inflación “constantemente elevadas” y el “alto riesgo” de que el BCE haya entrado en un periodo en el que sus previsiones de inflación a largo plazo resulten con frecuencia “demasiado bajas”, ejercerán más presión sobre el grado de acomodación monetaria que realmente necesita la economía de la eurozona, cree el experto.

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