Amref propone aliarse con líderes y jóvenes de las comunidades africanas para erradicar la mutilación genital femenina

Kaiseyie Merin, de 13 años.
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Según advierte la ONG Amref, esta forma de violencia contra la mujer es «causa y consecuencia de una gran desigualdad de género» y «no solo implica problemas médicos o impacto emocional en las chicas que lo sufren» sino que «también tiene consecuencias sociales como abandono escolar, matrimonios precoces y estigmatización de las mujeres que se niegan a sufrirla».

Al menos 200 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación genital femenina en 30 países, según UNICEF; y 4,1 millones de niñas se encuentran en riesgo de sufrirla este año, según la ONU.

En todo caso, Amref asegura que «hay esperanza» porque «cada vez son más las jóvenes que reniegan de esta práctica y se oponen a ella». Según la ONU, los jóvenes de entre 15 y 19 años oriundos de los países donde se practica la mutilación genital femenina son menos propensos a continuarla y a perpetuarla que los adultos de entre 45 y 49 años.

Además, recuerda que esta práctica está criminalizada en muchos países y puede suponer hasta cadenas perpetuas en lugares como Kenia, Uganda o Camerún. Sin embargo, apunta que las leyes no son suficientes porque es algo «cultural y ancestral».

La organización considera esencial aliarse con las comunidades que la practican y por ello, Amref lleva desde 2007 trabajando con proyectos anti mutilación genital femenina. Desde entonces, según indica, más de 17.000 niñas han evitado el momento de su mutilación genital.

Para ello, involucra a líderes culturales, a ancianos, a cortadoras tradicionales y a los jóvenes varones y propone «ritos alternativos» de paso a la edad adulta.

LA ADOLESCENTE QUE SE NEGÓ A LA ABLACIÓN
Kaiseyie Merin, de 13 años, cuenta que había escuchado a otras chicas más mayores de su comunidad lo «traumático» que era, pero ella conocía sus derechos y decidió no someterse a la mutilación genital. «Por fortuna, mis padres estaban de acuerdo», explica la joven.

Además, expone los riesgos de esta práctica. «Las cortadoras usan la misma cuchilla para varias chicas, lo que puede conllevar infecciones o transmisión de enfermedades como el VIH. También sé que puede afectar al parto, por no hablar del riesgo de muerte por desangrado», apunta.

Asimismo, Kaiseyie Merin pone de relieve que ahora, los líderes ancianos conocen los peligros de la ablación femenina. «Si los padres aún quieren realizar la mutilación genital femenina a su hija, ésta puede denunciarlo a los ancianos, que hablarán con los padres, les contarán los problemas que conlleva esta práctica y les explicarán que está prohibida por ley», afirma.

Esta adolescente también cree que es muy importante sensibilizar a los varones de los peligros de esta práctica. «Ahora puedes ver cada vez más chicos protegiendo a sus hermanas de la mutilación genital femenina. Cuando oyen que sus padres aún quieren realizar esta práctica, lo denuncian al consejo de ancianos», dice.

Kaiseyie no está preocupada sobre si un hombre se casará con ella o no por no haber sufrido la mutilación genital. «El 80% de los hombres masái apoya el rito de paso alternativo», explica. En todo caso, precisa que su sueño no es casarse sino convertirse en abogada. «Me gustaría luchar por los derechos de los demás», zanja.

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