Alta traición, cargo por el que nadie fue juzgado en Alemania Federal

Mazo de juez justicia
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Desde su fundación en 1949, la República Federal de Alemania nunca ha juzgado a nadie por alta traición, el delito que se podría equiparar al de rebelión en España y por el que la justicia española solicita a través de una euroorden la entrega del líder independentista catalán Carles Puigdemont.

«Hasta donde se sabe, jamás ha habido una condena por alta traición en la historia de la República Federal», señala a dpa Luís Greco, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Humboldt de Berlín, tras realizar una búsqueda minuciosa.

«Después de revisar fuentes habituales y no encontrar nada, consulté un trabajo relevante del año 2017 y hallé la confirmación de que nunca hubo una condena (por alta traición)», agregó el profesor.

Su conclusión coincide con la del también catedrático de Derecho Penal de la Universidad Técnica (TU) de la capital alemana Carsten Momsem, quien remite a dpa los dos únicos casos en los que la justicia alemana se planteó procesar a un acusado por el delito de alta traición a partir de la segunda mitad del siglo XX pero que finalmente desestimó.

El primero de ellos, se remonta a la década de los setenta, cuando la organización izquierdista Fracción del Ejército (RAF, por sus siglas en alemán) sacudió a Alemania con asesinatos, secuestros y atentados explosivos que llegaron a extenderse hasta principios de los años 1990.

En ese momento, varias voces jurídicas sugirieron que era conveniente analizar si los terroristas de la RAF, que causaron la muerte de 34 personas -entre ellas destacadas figuras de la vida empresarial y política alemana- estaban cometiendo un delito de alta traición. El paso de encausarlos por este delito, sin embargo, nunca llegó a darse.

El segundo de los casos se produjo más adelante, en 1981, cuando el activista ecologista Alexander Schubart convocó a la multitud a una protesta masiva en el aeropuerto de Fráncfort en el marco de una polémica ampliación de las pistas de despegue y aterrizaje.

Después de que miles de manifestantes secundaran su llamada y la protesta derivara en graves y violentos enfrentamientos con la policía, la justicia barajó imputarle el delito de alta traición a Schubert, aunque finalmente se estimó que los disturbios y la violencia ejercida a raíz de su llamamiento no tenían la capacidad de doblegar a un Gobierno.

De ahí que la acusación no prosperara y el líder ecologista terminase finalmente cumpliendo una condena de ocho meses por perturbación del orden público.

Curiosamente, el caso de Schubart fue mencionado en su auto la semana pasada por el Tribunal Regional Superior de Schleswig-Holstein, en el norte de Alemania, un documento en el que la Justicia alemana precisaba que era «no solo comparable, sino en algunos aspectos concretos, idéntico» al de Puigdemont.

El repaso histórico-jurídico sobre condenas de alta traición en Alemania obliga a retroceder hasta la época nazi (1933-1945), donde una de las más sonadas fue la dictada contra los hermanos Hans y Sophie Scholl.

Los dos estudiantes fueron gillotinados tras ser condenados a muerte, entre otras razones por «desmoralización del Ejército», después de ser detenidos por lanzar panfletos por las escaleras de la universidad en los que llamaban a la resistencia pacífica contra el régimen de Adolf Hitler.

No obstante, en la República Democrática Alemana (RDA) el oficial de la (temida policía política) Stasi Werner Teske fue ejecutado por intento de alta traición al régimen de corte comunista.

Teske comenzó a reflexionar sobre una posible fuga a Occidente en un momento en el que Alemania todavía estaba dividida por el Muro de Berlín y se llevó a casa documentos oficiales que podrían serle de utilidad una vez lograse traspasar al oeste.

A ojos de la Stasi, el agente del servicio secreto cometió «el peor crimen contra los intereses de seguridad» de la RDA.