Al final, Sánchez no muerde

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE
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Pedro Sánchez acaba de desmentir a quienes contemplaban su regreso al liderazgo del PSOE como un peligro para la frágil estabilidad política que un año atrás propició la dispersión del voto en las dos elecciones generales celebradas. Su “no es no” a pactar con el PP convertido en slogan y las duras primarias que tuvo que superar recientemente para recuperar la Secretaría General del Partido transformaron su imagen pública de político de izquierda responsable en poco menos que en la de un neopopulista dispuesto a montarse a la medida un Gobierno revolucionario de corte chavista y de pagar para conseguirlo con la unidad de España.

Apenas lleva una semana en el cargo, y aún sin habérselo ratificado el Congreso, ya ha dado las primeras pruebas de que la idea que de sus ambiciones y proyectos se ha creado es falsa. Aunque el PSOE estará en contra de Mariano Rajoy y de cualquier Gobierno del Partido Popular, seguirá siendo el partido con sentido de Estado que, ante cuestiones clave, como la defensa de la Constitución no dudará, como lo ha venido haciendo desde hace cuatro décadas, en plegarse a arrimar al hombro a favor de unas posturas y decisiones que respondan a la sensatez, a la seguridad y al entramado institucional.

Todas las decisiones que tomó hasta ahora lo demuestran: primero procurando recuperar la normalidad interna del Partido después de tantos y duros descalabros electorales y posteriores avatares internos. Aunque no renuncia a la legitimidad que le proporciona la clara victoria en las primarias, tampoco está demostrando que quiera convertirla en un rodillo contra los compañeros que se le volvieron en contra y le criticaron no siempre con elegancia. Pero sobre todo, el detalle más prometedor de la buena voluntad de Sánchez lo ha aportado su anticipado rechazo a la moción de censura trampa que Podemos ha planteado contra el Presidente.

En contra de lo que muchos piensan, Sánchez sabe que el principal adversario ideológico del PSOE es el PP pero el verdadero enemigo político, con el que tendrá que estar disputando votos, y contra el que siempre tendrá que mantenerse alerta, es Podemos, el conglomerado de grupos populistas que intenta liquidarlo para quedarse con el monopolio de la izquierda. Estos días pasados ha sido noticia que Rajoy, en contra de la tradición, no le había llamado para felicitarle.

Bueno, las formas son importantes pero no parece que ni Rajoy ni Sánchez las hayan puesto por encima de los problemas de la sociedad española que están llamados a afrontar conjuntamente. Y entre todos, en estos momentos, la amenaza secesionista de Cataluña. Sánchez, a quien se acusó de haber flirteado con los independentistas para conseguir su apoyo cuando aspiró a la investidura, también está desmintiendo con hechos que con los socialistas no cuenten. Llamó él a Rajoy y, seguramente sin ocultar a lo largo de la conversación que son muchas las cuestiones que les separan, en los pasos que el Gobierno dé para afrontar la amenaza secesionista, el PSOE estará a su lado.