“Grillos del Ogaden, como ustedes, lanzaremos hoy nuestro grito de guerra”, decía en alguna parte, que todavía no hay fallos en la memoria.
No sabe el lector cuánto lamento no tener ya como vecina y amiga a la doctora Beatriz Maggi, la más conocedora de la obra de William Shakespeare no solo en Cuba, para preguntarle si era cierto o no que el inglés había dicho que “los viejos desconfían de los jóvenes porque ellos también fueron jóvenes.”
La frase era del único libro que me acompañó en la histórica zafra de los Diez Millones en 1970, con 18 años de edad a cuestas. “Cien frases famosas” se titulaba. Cuando aquella contienda fracasó, me las sabía de memoria, con puntos y comas.
Fue, sencilla y llanamente, lo que me tocó y no se equivoca para nada quien sostenga que cada generación tiene su propia historia y deberes.
Confío plenamente en estos jóvenes que acudieron a la sede ministerial y al final consiguieron dialogar en el ministro en busca, entre otras motivaciones, esa de la libertad de expresión. Ganarán su batalla porque todos los reportes de esas seis horas de diálogo y confrontación son en extremo alentadores.
Tanto, que me hicieron sentir con nuevos bríos. Esta vez, sin un machete o un Kalannikov en las manos.
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Yo no fui al Ministerio de Cultura
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