Y comenzó Julio, maldito también para Cuba

Policía con mascarilla en una calle de La Habana

Policía con mascarilla en una calle de La Habana - Guillermo Nova/dpa

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En Cuba, ya son pocos los que se visitan. Y hacen muy bien. Las tertulias ahora han pasado a los teléfonos fijos donde no pocos ni se cansan de estar pegados al auricular para hablar siempre de lo mismo y en el caso de los “recolectores” en la familia, pues esos dedican minutos tras minutos a explicar y comentar dónde encontraron esto y lo otro porque una es la verdad, a la par de la comida escasea de cuanto se pueda necesitar en el hogar.

Da igual que sea una pieza para el cuarto de baño, que un bombillo o par de clavos para asegurar ventanas ante la próxima llegada de los huracanes que, por cierto, se llama Elsa. Es de momento, tormenta tropical, pero continúa organizándose e intensificándose para amenazar el oriente de la isla este fin de semana.

El uso del celular ha sido limitado a mensajerías o llamadas de extrema urgencia de ese también “vigía” que ha encontrado en algún que otro sitio algo necesario, caro o barato, para llevar a la mesa. Capítulo aparte merecen las conversaciones o mensajes “cifrados”, que no son otros que los nacidos bajo el siempre todopoderoso y omnipresente mercado negro: “Ya tengo lo que me pediste”, “Conseguí la medicina”, “Llegó tu encargo” y otros más cercanos a los filmes de espionaje: “Aquí la cosa”, “Vino la tía” o “Tela roja”.

Otras formas de comunicación cobran similitudes con aquellos duelos del lejano oeste gringo. Es cuando suelen encontrarse dos buenos amigos en una esquina del vecindario. Nada de abrazos ni golpes de mano. Guardan la distancia reglamentaria, pero violan el uso de la mascarilla o nasobuco que, luego de verificar con una visual de 360 grados la no presencia de moros-policías en la costa, van barbilla abajo para resumir no sin cierta maestría de esa condición filosófica de análisis-síntesis, un intranquilizador relato del día a día en sus más amplias vertientes.

Julio llega con devastadora fuerza de las malignas cepas del Covid-19 y alarmantes cifras, que hicieron calificar a su predecesor como el más terrible desde que comenzó la epidemia allá por la colonial Trinidad. Pero no todo augura desgracias. Avanza a doble marcha la inmunización de la población y se nota en aquellas zonas donde antes reinaba el virus y ahora después de vacunados, ha disminuido su presencia.

Mientras tanto, ya hay quienes piden hasta 90 pesos cubanos por un euro (el dólar entre 60 y 63) al tiempo que desde España nos llegan a la red comercial estatal unas magdalenas Concha, de venta en divisas y rellenas de crema de cacao, ideales para el que pueda, endulce el momento…