Una cancioncita cubana al Ómicron

Basta salir a la calle, al menos en La Habana, en plan exploratorio para percatarse de que no poca gente ha dejado a un lado la percepción de riesgo y mucho menos de peligro.

Las razones pudieran ser varias, pero el llamado agotamiento pandémico y la certeza de que nadie va a morir o agravarse en virtud de que casi todos tenemos las tres dosis más la de refuerzo con vacunas cubanas, provocan ese sentimiento de impunidad.

Otro elemento a tener en cuenta es que la comparecencia diaria del portavoz del Ministerio de Salud Pública ahora es semanal. Con lo cual, la notificación del estado y situación se diluye en medio del nuevo azote mundial de la variante donde algunos especialistas sostienen que las mascarillas o tapabocas caseros (de uso mayoritario en Cuba) carecen de efecto preventivo alguno.

Las largas o tormentosas filas en busca de alimentos o aseo no cesan en aglutinar personas que lo que menos hacen es guardar distancia y cumplir los protocolos establecidos. Es más, ya se ven conglomerados de gentes frente a un establecimiento que está aún por surtir con la ilusión de comprar no lo necesario, sino lo que venga así sea agua de colonia a dos frasquitos por cabeza. Por su parte, la de Inmigración no se queda atrás: A las cinco de la mañana ya resulta difícil lograr uno de los 200 turnos para renovar el pasaporte u otro tipo de gestión. Quien lo dude, que se acerque por 17 y K.

A ese batallón de descuidados e irresponsables hay que sumar a los turistas rusos que visitan la capital desde Varadero cada vez en mayor cantidad. A más de uno he visto que el cubano que le atiende o rodea le exige cubrir boca y nariz con una mímica perfecta ante un mal disimulado descontento del recién llegado.

Otro elemento disuasorio para no enmascararse es el vaticinio de los especialistas que aseguran para fin de mes el descenso a mínimo de los casos de la nueva y súper contagiosa variante que ahora mismo anda por el promedio de los 3,000 diarios.

De tal modo que no es de extrañar que ya algún “compositor” reguetonero esté pensando en dedicarle una cancioncita al virus. Y como que los textos resultan tan breves por no decir vulgares, cuidado que una palabra en la seguidilla no rime con Ómicron.