Tres décadas que han cambiado el mundo y un mundo post Covid que va a cambiar aún más

Juan Carlos Ureta, presidente de Renta 4 Banco.

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Hace tres décadas, cuando El Boletin empezó su andadura, el mundo era muy diferente. Internet era una red todavía muy minoritaria, básicamente de uso profesional o vinculada a la defensa, los teléfonos móviles acababan de nacer, en unas versiones muy primitivas y que nada tenían que ver con los actuales “smart phones”, y por supuesto imaginar las actuales redes sociales, o las criptodivisas o los metaversos era directamente hablar de ciencia ficción.

Si algo caracteriza estas tres últimas décadas es la continua transformación de los estilos de vida y la disrupción permanente que, desde que El Boletin nació, han experimentado la economía, los mercados financieros y las inversiones. Hoy podemos estar seguros de pocas cosas pero una de ellas es que tras el Covid esa transformación y esa disrupción no solo van a continuar sino que además van a ser mucho más intensas, aceleradas e irreversibles.

Superado el “shock” inicial, la pandemia ha pasado de ser vista como un terrible drama a ser vista como una oportunidad para crear un modelo de crecimiento económico más sostenible y mejor. La transformación positiva de la economía y de los estilos de vida se ha convertido así en la “narrativa” dominante del mundo post Covid, bajo la idea de que hay una  revolución tecnológica en marcha  y de que tenemos el abundante dinero suministrado por los Bancos Centrales para cambiar el mundo aplicando la innovación a todos los sectores. Las nuevas energías limpias, la telemedicina, la nueva movilidad urbana, la digitalización y los nuevos valores sociales son los motores de un crecimiento inclusivo bajo la filosofía ESG (environmental, social, governance).

En ese contexto, las dos grandes novedades estructurales de la economía del siglo XXI son las políticas monetarias estructurales de tipos cero y la revolución tecnológica permanente.  Las políticas monetarias ultra expansivas ya no son vistas como medidas de choque transitorias sino como instrumentos ordinarios y permanentes de la política económica. Los Bancos Centrales, sobre los que ha pivotado el peso de la salida de las dos últimas crisis, la de 2008 tras la quiebra de Lehman y la de 2020 tras la pandemia, soportan una responsabilidad que seguramente les sobrepasa, al ser vistos como omnipotentes y capaces de resolver cualquier problema por complejo que sea.

La consecuencia principal desde el punto de vista de las inversiones es que ha desaparecido el llamado “activo sin riesgo” ya que los bonos de alta calidad no dan ningún retorno y además tienen riesgo. Los ahorradores se ven obligados a invertir y su única opción es permanecer en liquidez, lo cual deteriora el valor de su patrimonio, o invertir en activos que conllevan inevitablemente riesgos. La gestión del riesgo y el cambio de enfoque hacia la creación de valor a medio y largo plazo se convierten así en ejes fundamentales de la gestión del ahorro, incluido el ahorro más conservador.

Desde otro punto de vista, la empresa se convierte en el activo invertible por excelencia, al ser el activo creador de mayor valor potencial en el medio plazo, y la selección de las empresas en las que invertir se vuelve clave para obtener retornos y gestionar riesgos. Ese cambio coincide con otro de gran calado, a saber, el desplazamiento progresivo pero irreversible del centro de gravedad del sistema financiero desde los balances bancarios hacia los mercados de activos. Es el nuevo mundo de las finanzas descentralizadas y de la desintermediación, que recibirá un impulso adicional con la difusión en los próximos años de la tecnología “blockhain”. Se trata de avanzar desde unas finanzas pensadas para la sociedad industrial hacia un sistema financiero del siglo XXI que sea válido para la sociedad del conocimiento.

Son cambios apasionantes, aunque no fáciles, que coinciden con la transición hacia la economía del conocimiento del siglo XXI. La enorme deuda que se está generando, la inflación, la desaceleración del crecimiento económico una vez se consigan los niveles pre Covid, la desigualdad creciente entre propietarios de activos y perceptores de rentas, y la inquietud que genera la perspectiva de un mundo dominado por las grandes redes digitales, son algunos de los factores que pueden perturbar a los mercados financieros en los próximos años.

Deseo a El Boletin y a su magnífico equipo de profesionales que tenga el mayor éxito en esta nueva etapa.

Juan Carlos Ureta es presidente ejecutivo de Renta 4 Banco