Señor líder supremo, gran timonel, generalísimo y todo lo demás, verle sentado en modo negociador a la mesa con el presidente de Corea del Sur Monn Jac-in, revela un giro de 180 grados respecto de las bravatas de hace cinco meses, con disparos de largo alcance y cargas atómicas adheridas.
Ahora, la debilidad económica impone cambiar la opción de misiles por mantequilla. Sin árbol en el que ahorcarse, sin amiguitos del alma ni siquiera en Pekín, ir por rutas nucleares caminando, la mirada clara y lejos y la frente levantada, abría un horizonte de hambre oscura. Atentos.
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